El trayecto a pie fue de 20 minutos aproximadamente y me gustó. Hace tiempo que no tengo ocasión de andar y menos por Barcelona, en este caso por el barrio de Gracia, que me encanta. Al acabar la comida, me fui (caminando también) hasta el Hogar de Libro, en el Paseo de Gracia. 30 minutos más. Allí, me dirigí a un mostrador y pregunté:
- ¿Tienen "La tinta azul de la memoria?
- (la chica se va al ordenador y escribe) ¿La tinta azul de que??
- (Yo, vocalizando bien y pronunciando lentamente) LA TINTA AZUL DE LA MEMORIA
- (Ella, dirigiéndose a una compañera) Es de un tal Mariano Vega Alvárez, ¿te suena?
- (La compañera) No, ya lo busco
Me dirijo hacia el lugar donde la compañera se ha subido a un taburete y busca. En ese momento, hubo unos segundos de incertidumbre en los que yo pensaba: ¿lo tendrán o no? y me di cuenta de que tendría una gran decepción si no lo tenían. Pero no, elige uno del estante y me lo tiende. Todo parecía ir a cámara lenta y cuando lentamente le dió la vuelta y vi la conocida portada del zurdo, me emocioné. No sé si sabré describir lo que sentí. En ese momento, Mariano se encarnó, tomó cuerpo y realidad en mí. Tener el libro en mis manos fue tomar consciencia de que en ese momento se establecía una comunicación más auténtica. Mariano existe, ha escrito un libro y lo tengo en mismas manos en este momento. No sé si a los demás que habéis comprado el libro y lo habéis leído os pasó algo similar o no.
Salí de la tienda, me senté en un banco del Paseo de Gracia para mirarlo, tocarlo y empezar a leer las primeras líneas, mientras me fumaba un cigarrillo. Genial.
Luego continué mi andadura a pie para la segunda cita del día, el segundo cliente que también pronunció las palabras mágicas del "Sí quiero". Vaya! de golpe tenía dos clientes semanales...
El regreso a casa, al contrario de lo que podáis creer, fue un calvario. De golpe me sentí muy, muy cansada. Al principio lo achaqué a lo mucho que había andado por lo poco que lo suelo hacer, aproximadamente una hora y media, pero yo misma me daba cuenta de que me engañaba: no podía estar tan sumamente agotada por esa causa. Una vez en casa, me di cuenta de que estaba absolutamente cagada de miedo. Tal como me ha dicho una amiga mía, "miedo escénico". Sentía terror ante la perspectiva de empezar a tener clientes en terapia y me hundía bajo el peso de la responsabilidad. En vez de sentirme contenta y feliz por tener la oportunidad de trabajar de lo que deseo y para lo que me he formado, con sangre, sudor y lágrimas (sobretodo lágrimas), sentía ganas de huir y olvidarme de todo. Me imaginaba yéndome a vivir en plena montaña, alejada de todo bicho viviente humano y plantar coles y nabos, que esos no tienen problemas de depresión, de sentirse vacíos o de no superar la muerte de un ser querido. ¿Quién me manda a mí meterme en esos berenjenales? ¿Y si no sirvo?
Me fui a la cama y me llevé La tinta azul. Seguro que Mariano había pasado por momentos difíciles desde que decidió escribir el libro hasta ese momento en que está publicado, hecho una realidad, en mis manos. Y supongo que ahora viene la parte de lograr que se venda y se lea, tarea nada fácil.
Ya he leído unas páginas y no quiero decir nada hasta que no lo haya acabado, estoy empezándolo.
Hoy ya he superado el miedo escénico y me siento con ganas y energías para tirar adelante mi propio proyecto y aceptar lo que llegue (y espero que sean muchos clientes!!). Y también te deseo a ti, Mariano, que vendas muchos, muchos libros!.



