jueves, 19 de junio de 2008

El lado oscuro

Señoras y señores, me paso de bando, me voy al lado oscuro. De trabajadora social a excluida social, justo hoy que acabo de llegar de una jornada sobre inclusión social que ha organizado la Diputación de Barcelona.

Estoy hasta los mismísimos ovarios de trabajar por un sueldo mísero ayudando a gente etiquetada de excluídos sociales, proporcionándoles a veces recursos que ni yo misma tengo para que llegue la declaración de renta y me peguen un palo que me ha dejado seca, tanto que voy a tener que pedir un crédito para pagar a los ladrones de hacienda. Sí, me siento robada, estafada y gilipollas.

Este año, mi situación fiscal y las "circunstancias" están todas en mi contra, es decir, he trabajado demasiado, mi hijo ha cumplido 18 años y mi hija ya tiene 23 años, lo cual parece significar, para hacienda, que ya no son hijos míos, que no comen, ni estudian, ni se duchan, ni se visten ni viven bajo mi mismo techo, aunque la realidad sea diferente. Ya no forman parte de mi núcleo familiar y ya no consta que estén a mi cargo ya que por unos mínimos ingresos que tienen han de hacer ellos también declaración de renta. El alquiler de mi piso no me desgrava nada, ya que en este puto país si tienes dinero para pagar un piso y una hipoteca, te premian con una desgravación, pero si tienes la desgracia de no poder comprar una vivienda, te penalizan sin desgravación fiscal por el alquiler, o sea, mejor ir a vivir debajo un puente y que se haga cargo de mí los servicios sociales y que paga rita la cantaora, es decir, los contribuyentes que, como yo ahora, son sableados por el gobierno.

O sea, trabajo como una gilipollas por un sueldo de mierda, no llego a final de mes o lo hago con muchas dificultades, tengo a mi cargo dos hijos en edad de estudiar, huérfanos de padre, estoy sola con todas las responsabilidades que eso supone y para los señores de hacienda es como si todo lo que gano fuera para mí sola y viviera del aire y en el aire.

Fantástico.

Lo que me provoca todo eso, aparte de un cabreo monumental y una gran sensación de impotencia, son las ganas de estafar y de robar a los que me están robando, al más puro estilo Robin Hood. Me he dado cuenta de que no me interesa tener un contrato de trabajo con el máximo de horas, ya que cobro una miseria y encima, cuando hago la declaración, no puedo pagar lo que me piden. Mejor me quedo en casita haciendo ganchillo y macramé y trabajo en negro.

Estaba tan rabiosa volviendo a casa en el tren tras haber hablado con la abogada que me hace la declaración que no he matado a un niño y a su madre por puro instinto de conservación (mío, claro). Estando yo sentada se han subido dos madres con dos niños de 3 añitos más o menos. Quedaban 2 sitios libres en el espacio de 4. De entrada, he alucinado al ver que las madres sentaban a los niños y ellas se quedaban de pie, cuando para mí lo lógico hubiera sido que se sentaran ellas y pusieran a los niños en sus rodillas. Los niños, especialmente uno de ellos, no paraba de gritar y ponerse de pie en el asiento y su madre, con una parsimonia pasmosa y una dulce voz le decía; no Tomás, de pie no y no grites. A lo cual Tomás respondía con más gritos, más fuertes y más pataleos encima del asiento.
Las madres han decidido intentar calmar a los niños haciéndolos cantar. Cuando he oído la propuesta, casi me da un chungo. Sólo me falta que se pongan a cantar para acabar de rematar el asunto. Pues sí, se han puesto a cantar y Tomás seguía gritando y pataleando.

Mientras, yo me esforzaba por mirar por la ventana y sentía como mis mandíbulas se iban apretando del cabreo que ya llevaba encima más el incordio de Tomás y compañía. No sé si me ponían más nerviosa los niños o las madres. Tanto da, el conjunto en sí me crispaba hasta hacerme sentir una asesina reprimida.

Y ha llegado la culminación: Tomás se ha puesto a gritar aún más fuerte, moviéndose como un gusano con patas y ahí ya no he podido más. He girado la cabeza, he mirado con cara de odio mortal al niño y después a la madre. Tomás se ha callado de golpe y la madre ha declarado que como estaba molestando mucho, aunque no fuera su parada, se bajaba del tren.

Y así lo ha hecho. Lástima que no se hubiera bajado antes, ya que a la siguiente yo también me bajaba.

En momentos así descubro una vena agresiva y violenta en mí que me asusta un poco, aunque prefiero conocerla y sacarla de alguna manera que dejarla dentro sin saber que existe, campando a sus anchas y haciendo de las suyas cuando menos me lo espere.

El lado oscuro.

lunes, 9 de junio de 2008

Dar y recibir

Dar y recibir. ¿Cuántas veces he oído, leído y dicho esta frase a lo largo de mi vida? Muchas, miles tal vez. El equilibrio está en dar y recibir. Pero, ¿cómo se hace eso? ¿cómo se calibra lo que doy y lo que recibo? ¿Cómo se encuentra y se decide si doy más que recibo o recibo más que doy? ¿No depende eso de la percepción de cada uno? ¿Y si la percepción no coincide, que es lo que suele suceder?

Me viene a la mente el significado de "recibir" en el sentido de acoger a personas en mi casa, para una cena, amigos invitados a pasar unos días, etc. Recibo en mi casa, acojo, ofrezco un espacio, un tiempo, unos alimentos, una cama, un techo, unas comodidades. Recibo dando.

Creo que aquí está el quid de la cuestión. Recibir es dar y dar es recibir. En realidad es lo mismo. Es el encaje, la sincronización, el acoplamiento de ambas cosas en el mismo momento.

Si sólo doy, si me empeño en que sólo sea en un sentido, en el de dar y nunca recibir, la consecuencia, antes o después, es el final, el vacío, la muerte. Supongo que al revés también, pero ahora me centro en lo que me pasa a mí.

La base de mi carácter neurótico es el orgullo. Orgullo de no mostrar nunca mi necesidad. En realidad, de ni tan siquiera contactar con ella. Yo no necesito. Sentir que necesito es muy doloroso para mí pues es aceptar que soy vulnerable, que soy frágil en determinados momentos, que necesito a los demás y si eso es así, me arriesgo a que me hagan daño, a que me hieran, a que me abandonen. Por lo tanto, mi mecanismo de defensa neurótico es ignorar mi necesidad y poner en marcha otro mecanismo de defensa: la proyección.

Me gusta mucho una metáfora de la proyección: la del cine. Ahí hay una habitación muy pequeñita y oscura donde un aparato hace girar la película y la proyecta, a través de un pequeño agujero a la gran pantalla de la sala grande, donde todos nos sentamos a ver esa película. Así funciona en nosotros ese mecaniso de defensa. Hay cosas en nosotros, en un cajón oscuro y cerrado, que no somos capaces de ver (el inconsciente) y sale por una rendija hacia el exterior, proyectándose en los demás. Los demás son esa gran pantalla donde vemos reflejado aquello que no somos capaces de ver en nosotros mismos por ser demasiado doloroso de aceptar.

He descubierto que lo que yo hago es proyectar mi necesidad en los demás. Como soy (era) incapaz de contactar con ella, la veo en los otros y me lanzo a ayudar sin pensármelo dos veces y sin esperar a que me lo pidan. Al dar mi ayuda, me siento útil e intento hacerme imprescindible para el otro y así recibir lo que necesito sin tener que pedirlo, sin expresar mi necesidad. Como no soy consciente de ello, si el otro me rechaza, rechaza mi ayuda o no me corresponde, me siento abandonada y tacho al otro de ingrato. En realidad es una actitud manipuladora.

Cuando tengo el impulso de abrazar a otro, la cuestión es ser consciente de si lo abrazo porque creo que el otro lo necesita o porque yo lo necesito. Si es la primera opción, por un lado eso es prepotencia, dar por sentado que el otro necesita mi abrazo sin que lo haya expresado. Puede que sí y puede que no. Por lo tanto puede que esté invadiendo al otro o puede que lo está invalidando, como si no fuera capaz de pedir ayuda cuando la necesita. Y puede que sea yo la que necesito ese abrazo y lo proyecto en el otro.

Si es la segunda opción, me hago consciente de mi necesidad y la expreso, pidiéndole al otro un abrazo y arriesgándome a que no me lo quiera dar, lo cual me causará dolor. Eso es lo que yo suelo evitar y de ahí mi mecanismo de proyección.

Otro ejemplo de proyección: un compañero del grupo de formación expresó textualmente: suelo ser un cabrón, abandono a la gente que quiero. Me he dado cuenta de que abandono para evitar el dolor de ser abandonado. Creía que a mí no me importaba ser abandonado y en realidad es lo que más me duele. Por eso me cuesta comprometerme con alguien. Tengo miedo y desconfío de todos. Es una proyección de la falta de confianza en mí mismo, de no creerme merecedor de amor y aceptación y antes de que me lo demuestren abandonándome, abandono yo.

Volviendo al dar y recibir, de lo que me he dado cuenta es de que cuando acojo a alguien, de la forma que sea (en casa, en un abrazo, en escuchar al otro) estoy recibiendo lo que el otro me da, su confianza, su complicidad, sus confesiones; está compartiendo algo suyo conmigo; y el otro, al darme eso, está recibiendo mi cobijo, mi abrazo, mi escucha y también mi confianza y mi complicidad. El dar y recibir es simultáneo, es una sincronía en los dos sentidos, que ocurre o no ocurre al mismo tiempo. Y si no ocurre así, no hay equilibrio y por tanto, muere.

viernes, 30 de mayo de 2008

Pulsión




Más allá de las apariencias, más allá de las actitudes, más allá del carácter y de la neurosis, en un lugar desconocido, profundo e intangible existe un impulso, núcleo de los núcleos.

Pulsión, de vida y de muerte, Eros y Thanatos, jugando, persiguiéndose, escondiéndose y volviendo a aparecer, complementándose. Conviven dentro de mí, sin saberlo yo, sin pedirme permiso. Simplemente existen.

Su espacio es la inconsciencia, la sombra. Son el motor de todo, la causa y la consecuencia, el principio y el fin, dirigiéndome cual marioneta.

Eros, insúflame tu soplo de vida, despiértame a través de tu aliento alegre y audaz.
Thanatos, recuérdame mi vulnerabilidad, hazme humilde y osada.

lunes, 26 de mayo de 2008

Enterré a mi hermano en la arena

Daoud Hari, víctima y testigo del genocidio de Darfur

"Enterré a mi hermano en la arena"

VÍCTOR-M. AMELA - 26/05/2008 (Contra de la Vanguardia)

Tengo unos 35 años: mi tribu no usaba registros oficiales. Nací en el norte de Darfur, en Sudán, y hoy vivo refugiado en EE. UU. Ni estoy casado ni tengo hijos.
¿Política? La odio. ¿Dios? Soy musulmán, pero por mi cuenta. Tengo fe en mí mismo y lucho por la paz en Darfur.

¿Qué pasó en su aldea?

Los helicópteros la ametrallaron, quemaron las chozas, los yanyauid mataron a los que se quedaron a defenderla, como mi hermano Ahmed. Arrasaron todo. Había sido una buena aldea...

¿Qué hizo usted?

Ayudé a la gente a huir a la montaña, entre ellos mis padres y mi hermana, con todos los camellos y ovejas que pudimos. Volví al día siguiente y enterré a mi hermano en la arena. Luego, con nuestros camellos, ayudé a los desplazados a refugiarse en Chad.

¿Cuándo sucedió eso?

En el 2003. Desde entonces, el gobierno de Sudán y los yanyauid llevan 300.000 personas asesinadas, miles de aldeas destruidas, dos millones y medio de habitantes de Darfur desplazados. Darfur, al occidente de Sudán, equivale en extensión a una España de desiertos, cordilleras y sabana.

¿Quiénes son los yanyauid?

En la lengua de los zaghawa, mi etnia, yanyauid significa "jinete armado": así llamamos a los árabes nómadas, que van a caballo y con fusiles. Cuando yo era niño eran amistosos y convivíamos con ellos.

¿Y por qué las cosas cambiaron?

Los zaghawa agricultores y los yanyauid ganaderos tenían disputas, pero las resolvían los respectivos jefes... hasta que el gobierno espoleó a los yanyauid contra nosotros.

¿Con qué fin?

Nosotros hemos sido siempre autónomos y trabajadores, sacábamos muy buena riqueza de nuestra tierra. En mi pueblo, en el norte de Darfur, en la zona desértica, la prosperidad se mide en camellos: mi padre tenía 150 camellos, mi familia se ha dedicado al pastoreo y trata de camellos durante generaciones, que vendíamos en Libia, Egipto...

¿Quiso el gobierno robar sus tierras?

Es un gobierno despótico y genocida, apoyado por China: las empresas chinas quieren campo libre para sus explotaciones de petróleo y recursos naturales. La camarilla gobernante las ayuda y se beneficia. China la provee de armas, que van gratis a los yanyauid para que nos maten, a cambio de beneficios.

Eso se llama genocidio.

Lo es, y continúa. ¡Lo triste es que hagan más por nosotros cuatro estrellas de Hollywood que todos los gobiernos europeos juntos! Agradezco a Mia Farrow, George Clooney, Don Cheadle, Angelina Jolie y Brad Pitt que divulguen nuestra tragedia...

¿Qué debería hacerse, en su opinión?

La ONU debería enviar tropas para garantizar la seguridad física y la vida de miles de civiles. Es lo mínimo.

¿Qué es lo peor que ha visto usted?

Ayudé durante meses a desplazados, y he visto a niñas violadas por los yanyauid, a madres con hijos muertos de hambre en los brazos, a padres trastornados..., ¿acaso hay algo peor que ver cómo matan a tu hijita?

No creo.

Recuerdo a un desplazado: había enviado a su hija de cinco años a correr entre los árboles mientras él se enfrentaba a un yanyauid. Apresado, lo ataron y comenzaron a torturarlo. Entonces su hija salió de entre los árboles y corrió hacia él... Había oído a su padre gritar, claro... La niña lo llamaba llorosa: "¡Abba, abba!" (papá, papá) mientras corría hacia él. El yanyauid se volvió, apuntó hacia ella la bayoneta, ensartó a la niña, levantó el fusil en alto con ella atravesada y dejó que la sangre de la niña lo fuese empapando...

¿Y el padre lo presenciaba todo?

Él mismo me lo contó. Estaba trastornado y repetía: "¿Era un hombre o un demonio?" Aquel yanyauid, bañado en la sangre de la niña, bailaba mientras ella agonizaba sobre su cabeza. La niña movía los labios queriendo decir abba,me contó su padre...

No sé qué más puedo preguntarle.

Ayudé a muchos periodistas occidentales a recorrer la zona masacrada, para que lo contasen al mundo. Me he jugado la vida varias veces, pero eso ya no importa: cuando muera me reuniré con los míos en el cielo.

¿Cómo contactó con los periodistas?

Yo había trabajado en Egipto, y sabía inglés. Me ofrecí a los periodistas como intérprete. Al internarnos en Darfur con un periodista, Paul Salopek, los sudaneses nos apresaron. La esposa de Paul se movió frenéticamente en Washington y logró que liberasen a Paul.

¿Y usted?

Cárcel y palizas: el gobierno me tenía por espía. Me habrían matado de no ser porque Paul logró que las autoridades norteamericanas presionasen. Hoy soy el tercer refugiado de Darfur acogido por Estados Unidos. ¡Ojalá acogieran a tantas viudas, tantos huérfanos como hay! Sus vidas peligran...

¿Y su familia?

Mi padre murió al saber que me habían detenido. Casi toda mi familia está en el cielo.

¿Qué planes tiene usted?

Un proverbio de mi pueblo dice: "No pienses más allá de siete días". Yo, cada día, me muevo sólo para difundir esta tragedia y que acabe la matanza. Hasta que haya paz para mi país, yo no haré planes para mí. Ojalá pueda hacerlos.

¿Puedo ayudar?

Una entrevista como esta es una buena ayuda. Gracias. Aprovecho y pido otra cosa.

¿Qué?

No sigan la corriente a los Juegos Olímpicos de Pekín: el Gobierno chino alienta el genocidio de Darfur, nos expolia, nos asesina con sus armas. Me parece inmoral colaborar en esos Juegos sabiendo todo esto.

domingo, 18 de mayo de 2008

La importancia de lo ritos de paso

¿Estás dispuesto a ser triturado,
borrado, eliminado, convertido en nada?
¿Estás dispuesto a convertirte en nada?
¿A sumergirte en el olvido?
Si no lo estás, nunca cambiarás realmente
D.H. LAWRENCE, PHOENIX

Desde que mi padre dejó de trabajar hace apenas 6 meses, con 86 años, como ya he comentado en alguna entrada, está obsesionado con este tema, el trabajo. Ha trabajado desde los 14 años y ha sido comercial desde los 20.

Salía por la mañana, bien trajado y repeinado, oliendo a Floïd y visitaba a sus clientes de toda la vida. Le gustaba su trabajo, en el cual daba rienda suelta a toda su simpatía, buen humor y seducción que le servían para vender lo que le daba la gana. Así se ha ganado la vida durante todos esos años, pasándolo bien, disfrutando de lo que hacía y manteniendo, al mismo tiempo, a su familia. Nunca nos ha faltado de nada.

En los últimos años su cartera de clientes había disminuido por diversas razones, entre las cuales está, evidentemente, su edad y la disminución de sus facultades. No se ha jubilado porque simplemente, no tiene jubilación: siempre ha trabajado a comisión, sin contrato y él no se preocupó de hacerse autónomo.

Hace 6 meses, tras una pequeña intervención quirúrgica, la empresa aprovechó para decirle que ya no hacía falta que fuera a trabajar, que podía ir a verlos cuando quisiera, que le aseguraban unos ingresos mínimos y que se quedara en casa. Conduciendo era un peligro y lo medio engañamos diciéndole que ya no le renovaban el carnet. Lo convencimos para que regalara el coche a mi hermana, que se quedó sin tras un grave accidente.

Desde entonces, insiste en buscar trabajo o seguir en el suyo. No entiende que ya está, que se acabó. No asume esa jubilación y todo ello, junto con su demencia, lo hace obsesionarse con el trabajo. De golpe, ha perdido su actividad diaria desde hacía 72 años y su autonomía al conducir su coche.

Personalmente insistí a mi familia en la necesidad de que la empresa le hiciese un homenaje por su labor. Esa empresa creció, se desarrolló y sus propietarios han ganado mucho dinero gracias a las ventas de mi padre. Dije que era necesario ese acto de reconocimiento a él para que pudiera acometer el proceso de duelo de su trayectoria profesional a lo largo de tantos años con una mínima garantía. No se ha hecho, nadie me apoyó en mi iniciativa.

¿Por qué le doy tanta importancia a este acto? Por dos razones: la primera, creo que mi padre se merece ese reconocimiento "público" y él lo necesita.

La segunda tiene que ver con el título de esta entrada: la importancia de los ritos de paso.
Transcribo algunos pasajes del libro
El viaje definitivo, de Stanislav Grof:

Los ritos de paso señalan cambios críticos en la vida de los individuos o de las culturas. Su oportunidad, o momento, coincide frecuentemente con importantes transiciones fisiológicas, como el parto, la circuncisión, la pubertad, el matrimonio, la menopausia y la muerte; ocasiones en las que el cuerpo, la psique, el estatus social, y el papel sagrado de lo iniciados cambian significativamente.

.......

Los ritos de paso son acontecimientos culturales y espirituales en la que los iniciados pueden experimentar, afrontar y expresar fuertes emociones y energía físicas asociadas con matrices perinatales y transpersonales que todos poseemos en el fondo de nuestra psique incosnciente. Teniendo en cuenta la naturaleza elemental de las fuerzas psicológicas puestas en juego, la manifestación incontrolada, o acting out, de dichas energías puede ser destructiva para la comunidad. En este contexto es importante considerar las conclusiones de Arnold van Gennep, Víctor Turner, Margaret Mead, Mircea Eliade y otros destacados antropólogos, que nos dicen que los ritos de paso son instituciones de importancia capital para el funcionamiento armonioso y cohesivo de la comunidad (van Gennep, 1960, Turner, 1969, Mead, 1973, Eliade, 1958).

Por consiguiente, la ausencia de ritos de paso significativos puede contribuir a las diversas modalidades de psicopatología social observadas en las sociedades contemporáneas. La mayoría de los impulsos de naturaleza destructiva y antisocial, en lugar de realizarse y expresarse con una aprobación social en un contexto estructurado, sacro y seguro, aparecen de forma pérfida en la vida cotidiana y se manifiestan en un gran número de problemas sociales e individuales. El aumento de la expresión sexual, la delincuencia y el abuso de alcohol y narcóticos entre los adolescentes en los países industrializados podría remediarse mediante ritos de paso significativos para este grupo de edades (Mead, 1973; Mahdi, Foster y Little, 1987; Mahdi, Christopher y Mead, 1996).

Dicho de otro modo: los ritos de paso son imprescindibles como punto de inflexión de un modo de vida a otro, con su consecuente proceso de duelo; una muerte a algo para renacer a otra cosa distinta. El proceso de duelo de la etapa anterior se hará con mucha más dificultad si no hay un rito de paso.

En nuestra sociedad actual se han ido perdiendo esos ritos y sólo quedan algunos que realizamos sin entender para qué los hacemos. Hablamos a menudo de falta de límites en la educación de los hijos y eso es, en parte, consecuencia de la falta de ritos. No hay diferenciación entre las diferentes etapas que se suceden unas a otras de forma lineal.

Una boda o un funeral son ritos de paso, por poner ejemplos claros para todos. En la boda, abandono mi vida de soltera/o con todas sus consecuencia y características para iniciar mi vida en pareja, con todas sus características y consecuencias. Dejar mi vida en solitario o con mi familia nuclear va a suponer abandonar un modo de ser y estar conmigo misma/o y con los demás, con sus consiguientes pérdidas.

El funeral es para mí aún más evidente: marca el final de mi vida en la que había una persona importante en mayor o menor grado para iniciar una etapa sin esa persona, en la que voy a necesitar reorganizar y readaptar mi vida sin ella, con el consiguiente dolor, causado, no sólo por la separación definitiva, por el desgarro de su ausencia, sino también por los cambios que eso supone.

He visto a personas que no han logrado elaborar el proceso de duelo de alguien querido por no asistir a su funeral ni haber visto su cuerpo sin vida. Tras muchos años, aún no aceptan ni asumen su desaparición. No es necesario que el rito de paso sea el funeral: uno mismo puede realizar un pequeño ritual de despedida para marcar ese punto de inflexión si en su momento no pudieron asisitir al entierro.

Y eso es exactamente lo que yo quería para mi padre: un pequeño homenaje a modo de rito de paso que a él le marcara el final de su vida profesional con un reconocimiento por su labor durante tantos años, tanto de la empresa como de nosotros, su familia.

Y va a ser que no.....caggggrrrr!!!

sábado, 10 de mayo de 2008

Un corto y accidentado paseo

La otra noche, después de cenar, decidí salir a dar un paseo. Habitualmente no lo hago, el cansancio del día me clava en el sofá de casa a ver la tele para relajar la mente hasta que me caigo de sueño y me voy a dormir.
Ese día estaba cabreada, de mala ostia. La situaciones que fui viviendo me fueron cargando. Hablando con un amigo, me comentó que a él le iba bien irse a correr cuando estaba así. Le hice caso y salí. Quizás no correr, sino dar una vuelta y que me diese el aire en el silencio y calma nocturnos.

Tiraré la basura en el contenedor antes del paseo, les digo a mis hijos. Mi hija decide acompañarme, había hecho limpieza de la habitación durante el día y tenía varias bolsas. Salimos las dos y al llegar nos encontramos con un perro raza collie atado con su correa al pedal del contenedor. Como lleva placa con un número de teléfono, llamamos. No nos contesta nadie. Lo intentamos varias veces y nada. Dejamos un mensaje en el contestador. Mi hija, que estudia veterinaria, lo acaricia, lo palpa, lo observa.

Es muy viejito, tiene artrosis en las articulaciones, saca agua por la boca, lo cual es mala señal, puede tener un problema metabólico y morirse en cualquier momento; los dientes fatal.

Todo eso allí, las dos delante del contenedor mientras esperábamos a ver si nos estábamos equivocando y aparecía el dueño en cualquier momento, habiendo atado al perro momentáneamente. Pero no aparecía nadie y no era lógico que alguien atase a un perro así, a las 11 de la noche. Además, si venía el camión de las basuras y no veía al perro, lo podía haber matado!!

Decidimos subirlo a casa, algo teníamos claro: Floc (así se llama el perro) no iba a pasar la noche atado ahí en mitad de la calle a riesgo de su vida. El pobre estaba asustado y casi no se movía. Parecía muy bueno.

Encerramos a los gatos y le pusimos una manta en el suelo a Floc, le dimos de comer y de beber. Mi hija llamó a una colega suya veterinaria que nos advirtió que si el perro estaba muy enfermo de lo que ella sospechaba por los síntomas, le podían quedar pocas horas de vida y morirse durante la noche. Nos arriesgaremos, el perro se queda y mañana ya veremos.

Por la mañana Floc parecía más animado. Con mi hija reflexionamos y decidimos llamar a la protectora. Al pedir el número en información municipal, nos dijeron que si se trataba de un perro abandonado o perdido, debíamos llamar a la Guardia Urbana, que se haría cargo de todo, incluso de intentar localizar a los propietarios. Así lo hicimos y en media hora lo vinieron a buscar.

La historia tiene un final feliz: la tarde anterior, los propietarios habían denunciado su pérdida, por lo que Floc no iría a la protectora, sino que volvería a su casa.

Quedan puntos oscuros que nunca resolveremos:
  • ¿Cómo se puede escapar un perro viejo y con artrosis, más bueno que el pan?

  • ¿Por qué no contestaban a nuestras reiteradas llamadas telefónicas?

  • ¿Qué hacía atado al pedal de un contenedor?

Salí a dar un paseo para despejarme, que sólo llegó hasta las basuras, a 50 metros de casa, para encontrarme con un perro abandonado/perdido.

¡Me lo pensaré dos veces para volver a salir la próxima vez!!!!


Os dejo con unas fotos de Floc:


jueves, 1 de mayo de 2008

Te vas....




No sé si te vas, o si nunca has estado, o si has estado a tu manera y yo no me he enterado demasiado, o si no has estado tal como yo hubiera deseado. Pero ahora te vas desde la memoria y probablemente en breve ya no sabrás ni quién soy.

Te esfuerzas por no perder del todo el contacto con este mundo, por conservar puntos de referencia que te anclen en la realidad, por recordar nuestros nombres. Tengo miedo, cada día es un paso más hacia la desconexión, en un camino sin retorno.

Veranos de mar, de barca, de pesca, de arena y agua; viajes en coche, apiñados 7 en un espacio reducido, yo siempre en la ventana, me mareaba y más cuando fumabas escuchando el carrusel deportivo de los domingos regresando a casa tras el fin de semana.

Las partidas de canasta de los viernes con vuestros amigos, prohibidos los niños, solo yo tenía permiso para estar un rato con vosotros y comerme una pasta de té, de aquellas con capa roja glaseada, sentada en tus rodillas o acurrucada entre los brazos de mamá.

Tardes de invierno haciendo deberes en la mesa del comedor mientras tú leías tu eterno diario deportivo o mirabas la tele, tus largas piernas estiradas sobre un puf, en zapatillas.

Domingos con postres de nata, tus preferidos, debatiendo los partidos de voleibol que todos y cada uno de nosotros, tus 5 hijos, habíamos jugado en el fin de semana. Nunca nos poníamos de acuerdo y se montaban buenos saraos.

Tu vida ha sido tu trabajo y tu familia, aunque a veces me ha costado darme cuenta de ello.

Ahora que te vas, sólo hablas de estos dos temas: tu trabajo, tus hijos, tus nietos.

Vuelves a la infancia, confundes a mi madre con la tuya, preguntas por los que ya no están.

Siempre has dicho y sigues diciendo que la vida tendría que ser al revés: nacer viejos e ir rejuveneciendo; de alguna manera, lo estás haciendo.

Siempre has sido como un niño, disfrutando de todo lo que hacías, huyendo del dolor por la broma y la ironía.

Fuiste un niño de la calle, supongo que te sentiste muy solo y abandonado. Tu padre murió cuando sólo tenías 7 años, tu hermano mayor poco después. Aprendiste a no encariñarte demasiado con los amigos, tus seres queridos susceptibles de protegerte se fueron pronto. Fueron las mujeres las que te atendieron, primero tu madre y tu tía. Siempre te han gustado mucho y has ejercido sobre ellas tu poder de seducción. Enamoraste a mi madre, que sospecho que cayó rendida ante tus encantos, aunque, evidentemente, vuestra relación no ha sido un camino de rosas.

Buscabas mamás, a falta de papás. Ellas sí estaban, ellas sí te atendían. Falto de amor, falto de cariño, falto de ternura.

He comprendido tarde que sentías debilidad por mí, que yo era la niña de tus ojos, probablemente la más parecida a tí. No capté tu forma de demostrármelo.

¿Sabes Papá? Ahora me es igual si llegas a olvidar mi nombre, si no me recuerdas en breve, si no sabes quién soy.

Te quiero y te seguiré queriendo aún en el olvido de tu mente, porque sé que en tu corazón y en el mío seguimos unidos, siempre serás MI PAPÁ.