sábado, 27 de junio de 2009
Misterio
miércoles, 24 de junio de 2009
Tocar de pies al suelo o la mejor manera de tomar decisiones lo más acertadas posible
jueves, 18 de junio de 2009
La rueda de la vida
martes, 26 de mayo de 2009
Recapitulación
lunes, 18 de mayo de 2009
Generosidad
Ayer mi amigo Quim me invitó al teatro. Por ser actor, tenía invitaciones y me dijo de ir con él. No le pregunté qué íbamos a ver, esa es una actitud nueva en mí, seguir mi impulso sin querer tenerlo todo controlado. Creía que era una obra y no, era un concierto, música contemporánea que en principio no me gusta.
"Piturrino fa de músic". Ese es el nombre del espectáculo. Al inicio me puse tensa y pensé: joder, vaya mierda, eso no me va a gustar. Entonces me relajé y pensé: estás aquí y si estás aquí es que ahora mismo éste es tu lugar. Relájate y déjate entrar esta música, sea como sea. Entrégate a ella, a escuchar, a ver como se mueven los músicos, el director y cuando acabe ya decidirás si te ha gustado o no.
Me metí totalmente, parecía que sólo existiera la orquesta y yo. No me di cuenta del resto del público, incluso me olvidé de mi amigo. Toda la atención estaba puesta en lo que se desarrollaba en el escenario, en los movimientos de los músicos y del director, en los colores, en las notas, en los instrumentos que las emitían, en observar y apreciar la maravillosa sincronía que se estaba produciendo ante mis ojos. En un momento dado, tuve la necesidad de sentir que lo estaba compartiendo, miré a mi amigo y me arrimé a él, sintiendo su contacto. Tuvimos una mirada cómplice, me preguntó si estaba bien y le contesté que sí. Volví a sumergirme en el espectáculo.
Había momentos en que la música me chirriaba, me hacía sentir mal, me removía y no me gustaba. Otras me encandilaba, me apasionaba, me deleitaba. Al acabar, me di cuenta de que me había encantado, que era un caos perfecto, una explosión de creatividad, un acto de generosidad por parte del autor, Carlos Santos.
domingo, 12 de abril de 2009
Carta a mi hijo no nacido
viernes, 27 de marzo de 2009
Marie de Hennezel, psicóloga y psicoterapeuta
"El corazón envejece cuando nadie solicita tu atención"
IMA SANCHÍS - 26/03/2009
Yo me di cuenta de que era mayor cuando tuve miedo de subirme a una escalera para limpiar la chimenea de casa.
Así, de sopetón.
Sí, ocurre repentinamente, como la primera arruga, pero los 60 es la edad simbólica, cuando te dan el carnet sénior y te jubilan.
Europa está llena de séniors.
Somos la generación del baby boom,vamos a vivir muchos años y nos da mucho miedo envejecer, pero hay dos maneras de hacerlo: como un descubrimiento y un crecimiento, o como un naufragio.
Cuestión de carácter.
Las personas optimistas se adaptan a los cambios y han aprendido a ocuparse de los demás. Las que lo llevan mal suelen ser personas muy narcisistas que no han resuelto sus problemas emocionales yno tienen confianza en sí mismas ni en la vida.
¿Y dice usted que se puede aprender a envejecer con soltura?
Sí, y la edad idónea son los 60, cuando somos absolutamente conscientes de lo que está en juego. Después, a los 70 u 80 años, es difícil cambiar, y ante la vejez hay malas y buenas actitudes.
Hábleme de ellas.
Las personas que envejecen bien están en paz con su pasado, han trabajado los remordimientos, los reproches y las frustraciones. La ligereza de espíritu es condición para envejecer bien.
Si estás ocupado con algo que te interesa, el pasado pierde peso.
Sí, es muy importante estar activo, pero hoy en día después de la tercera edad, que termina a los 75 años, viene la cuarta y la quinta (a partir de los 90 años), donde la vida interior es sumamente importante porque probablemente ya seremos dependientes y nuestro espacio puede ser muy reducido. Hay que estar preparado para aceptarlo.
¡Qué miedo!
Esta sociedad no es para viejos, la gente llega a la vejez muy sola. Todos nuestros valores tienen que ver con ser joven. Por eso, cambiar la mirada de la sociedad sobre la vejez es un desafío y una responsabilidad para mi generación, porque hasta nuestros hijos temen nuestra vejez. No debemos convertirnos en una carga para ellos.
Ser dependiente no depende de uno.
En parte. Si nos cuidamos psíquica (dando más importancia a la vida interior) y físicamente (comer bien, no fumar, hacer ejercicio), estaremos mejor. Y, aun siendo dependientes, podemos desarrollar cualidades interiores que nos ayuden a vivir mejor.
... Y eso hay que hacerlo a los 60.
Sí, debemos aprender a estar bien con nosotros mismos y cultivar placeres como el de la contemplación de la naturaleza o la música, de manera que si llega la dependencia o la silla de ruedas tengamos recursos. Si uno aprende a recibir de los otros, el día que esté enfermo vivirá mejor esa situación, sabrá abandonarse a los otros.
¿Usted prepara a la gente para eso?
Sí, la entreno en la meditación y en el placer de permanecer sin hacer nada y hablamos. Hay muchas cosas que uno debe trabajar a los 60 para saborear más tarde la vida.
¿Cuáles son los testimonios de ancianos que más le han conmovido?
Los que tienen el sentimiento de que es una suerte envejecer porque hay mucha gente que muere joven; los que saben que el corazón no envejece.
El corazón se endurece.
Cierto, pero la facultad de desear y de amar es lo que nos hace avanzar. He visto a mucha gente en los asilos replegada en sí misma, pero he visto también cómo las atenciones y las caricias diarias de una enfermera han devuelto la alegría de vivir a alguna de esas personas. El corazón humano nunca pierde la esperanza de amar y de ser feliz.
Sigue siendo triste.
Lo que esto pone en evidencia es la responsabilidad que tenemos los unos hacia los otros, porque el corazón envejece cuando nadie solicita tu atención, tu ternura.
Sin afecto, es difícil disfrutar de nada. Sin afecto, morimos; pero hay que saber que si damos esperando recibir, no recibiremos nada. Las personas resplandecientes que he encontrado tienen una mirada sobre lo que las rodea benévola, y estas personas atraen a los otros. Los 60 años es una ocasión para reflexionar en profundidad sobre el amor.
¿Cómo prepararse para la muerte?
En todas las tradiciones, contemplar tu muerte te hace más justo y ecuánime. Los indios americanos representan la muerte como un pájaro que llevamos sobre nuestro hombro. Todas las mañanas el pájaro nos pregunta: "¿Y si fuera hoy?"... Prepararse para morir es estar lo mejor posible en tu vida.
Aceptada la vejez, ¿cuál es el temor?
Envejecer en una residencia, porque son instituciones que no tienen ningún respeto por el ritmo de cada persona. Hay que levantarse, comer, cenar y dormir a la misma hora. De repente, tras haber dormido toda tu vida en una cama grande, te meten en una camita de niño: sólo eso ya es una violencia.
Hay que cambiar las estructuras.
Muchos grupos de amigos en Francia montan una comunidad, viven juntos pero no revueltos, establecen sus normas y se comprometen a que si uno cae enfermo, se vuelve dependiente o demente, el resto lo cuidará.
Miedo al futuro