martes, 3 de enero de 2012

La Garganta del Dragón


La Garganta del Dragón

 
I


Son hondos mis días de sol y luz. Son hondas mis noches de agua y luna. Me encuentro sentado, con las piernas cruzadas, en una habitación octogonal, que mi abuelo construyó y en la que puso fin a sus días, a los 81 años de edad. En cada una de sus paredes, se encuentran inscriptos los ocho signos básicos. En una pequeña mesa circular, frente a mí y en una suave hoja de papel, están los ideogramas que mi antepasado dibujó con mano anciana e imparcial y que contienen el Enigma que dejó como herencia y esperanza de que alguien, en alguno de los confines del Recto Imperio, lo descifre.
Yo tu nieto, hijo de tu hijo, calígrafo, poeta, aficionado a la pintura de paisajes y al wei-chi, he emprendido la tarea imposible. Me aguarda el secreto de los números, de los signos y de los símbolos, los anuncios que en los sueños se presentan, el combate entre el Yin y el Yang, los secretos de lo oculto y los misterios del Cosmos del que somos su reflejo.
Hombre de corazón puro, Maestro de la Sociedad del Loto Blanco, Comentarista de las Extensas Discusiones En La Sala del Tigre Blanco, mi abuelo me inició en la exégesis y hermeneutica de las Obras Venerables, el I Ching, el Tao Te Ching, el Tai I Gin Hua Dsung Dschï y muchas otras.
Lloré largamente su muerte, sin comprender porqué eligió ese camino. O quizás siempre lo supe y no he querido recordar un llanto más profundo y desgarrante... Hace dos años me encontraba en la Liu Li Tschang, buscando algún ejemplar antiguo del Guan Yin Tsé. Mi hijo de cinco años corría con la cometa que le había obsequiado dos días antes. Súbita e irreparablemente, un carro fuera de control lo atropelló y acabó con su vida. El dolor y la pena oscurecieron mis días. Mi esposa se marchitó en la tristeza. Mis padres dejaron de cultivar en su jardín las flores de rojo intenso. Mi abuelo construyó el Octógono y allí se encerró hasta su eclipse, acaecido nueve meses atrás.
¿Porqué le habré regalado a mi hijo, la cometa que me diera el anciano de 77 años? Habíamos emprendido con mi esposa, en mi trigésimo segundo cumpleaños, un viaje para conocer La Garganta del Dragón. Nos detuvimos en el Pueblo de Aguas Blancas, donde ayudé a un anciano que había tropezado y caído. Al despedirnos me regaló una cometa con el dibujo de un círculo, en cuyo centro y de un fondo oscuro, emergía una brillante luz diáfana. La rodeaban, bordeando la circunferencia, ocho caballos alados. Al volver se la dí a mi pequeño hijo para que jugara con ella.
Si acaso llega a vuestras manos, este breve relato, estas confesiones, amable lector, temo me reprocheis haberme extendido en temas íntimos que solo a mi conciernen, descuidando mi objetivo: descifrar el Enigma.... "A los 40+41 años floreció el Loto Blanco. Los números son hilos que el Tao entreteje. Quien quiera alcanzarlo, deberá anularlo. Entonces se unirán los trigramas. Y en el No-Tiempo la Rueda del Tiempo girara 45 veces."
He aquí el texto del Enigma que escribió mi abuelo antes de poner fin a sus días. Avanzaré con pasos pequeños, pues debo llegar lejos. Loto Blanco es una referencia directa a la Sociedad a la que perteneció. Florecer, es sinónimo del emerger de algo latente en determinado momento del tiempo. Entonces resulta:"A los 81 años ha florecido lo que aprendí en la Pai- Lien-Huei". ¿Pero porqué habrá dividido su edad de ese modo? 40+41 es igual a 81. La suma de sus dígitos es 9, uno de sus submúltiplos. Los dígitos de 40 y 41 también suman 9 años. Invirtiéndolos son 04 y 14 cuya suma es 18, inverso de 81. Y el número 45 de cuyos dígitos resulta el 9, que con los de 40 y 41 suman 18, inverso de 81.
Pasan las semanas y me entrego a un juego de espejos que se multiplican e invierten. Combino en todas sus variaciones los números y obtengo más y más números en un vértigo que me captura y me arrastra a un abismo sin fin. No logro avanzar en mi propósito y mi inquietud aumenta. Mis sueños se pueblan de un intenso erotismo y me despierto con el ánimo sombrio y pesado. Camino por la habitación invadido por la ira y la decepción. He roto el equilibrio entre el Yang y el Yin y éste ha emergido arrollador e ingobernable.
El miedo comienza a acechar mis jornadas, hasta que en cierta madrugada, me despierta el sonido de los truenos que anuncian la llegada de la lluvia. Vuelvo a dormirme y sueño con mi abuelo, vestido con un traje de ceremonias amarillo oscuro que lleva bordado el número 81. En la palma de su mano izquierda, sostiene una moneda de contorno circular, con un hueco central de forma cuadrada y con un sinnumero de inscripciones en su parte sólida. Y junto a su pie derecho el Tao-Te-Ching. Es el Schen de mi antecesor, que desde lo invisible me trae un mensaje.
El número 81 es una alusión simbólica al equilibrio que debe mantenerse entre El Cielo y La Tierra. Me he dejado llevar hasta el límite por Hun y entonces ha surgido desde lo más profundo las fuerzas de Po, que han exaltado y ensombrecido mi corazón. El mensaje es claro. Yo, mediador en la Gran Tríada debo mantener la armonía entre Kien y Kun para no perturbar el Cosmos y sumir en la desdicha a los Diez Mil Seres. He obrado en forma imprudente y me he alejado del Tao. He pagado el precio por la impaciencia y el deseo.
 
 
II
El signo Dui comienza a presidir mis días. Me entrego a una vida sencilla, quizás ociosa, en la que se alternan la fragancia del té y el sabor del arroz y los vegetales. Mi mente se mece suavemente y comienzo a prestar atención a la mesa que está frente a mi, hecha de madera sin pulir, firmememte asentada en el piso, de donde parece emerger como una brizna de hierba primaveral. En su centro y en relieve está el ideograma Tao y bordeando su circunferencia los ocho kua. Por un momento pienso en su belleza, nacida de la simplicidad: como el mensaje del sueño, que aún no he develado en su totalidad. Falta comprender su aspecto Yang: el Tao-Te-Ching junto al pie derecho. Debo mantenerme receptivo, para que la solución llegue sin anunciarse como la suave brisa de otoño.
Así los días y las noches se convierten en un valle perenne, sereno y silencioso. Y en el agua cristalina del ahora, sin antes ni después, comienzo a sentir un calor tibio que por momentos crece y comienza a concentrarse en mis ojos produciéndome un leve dolor acompañado de una vibración en mi cuerpo, extraña e inhabitual. Siento que la fuerza de mi Chi se debilita y escapa, como si una brecha se hubiese abierto en el círculo de mi piel. De improviso una intensa luz blanca inunda la pared que corresponde al signo Gen y veo a mi abuelo y a mi hijo vestidos de azul oscuro, dejando correr las hojas de los 81 capítulos deteniéndose en los números 04, 14, 40, 41, 45 y 54. La luz comienza a desaparecer lentamente. Mi cuerpo se sacude e inspiro profundamente. Gradualmente recupero la fuerza del Chi y una serenidad como la superficie de un lago en reposo de adueña de mi.
Nostálgico e insomne leo los capítulos que me han llegado, deteniéndome en algunas frases que vibran en mis oidos, como si otro las estuviese leyendo. "Lo bien abrazado no será arrebatado. El Tao está oculto y carece de nombre. Es como un abismo sin fondo del que ha surgido todos los seres. El retorno es su movimiento. La quietud pura es su regla. Si para dirigir la existencia de hoy, te adhieres a la Via de la Tradición Antigua, podrás conocer el origen primordial. A esto se llama desenredar el hilo del Tao"
Pero como seguir la Via? Ya ha pasado un año y no he logrado avanzar en el Sendero de los Diez Mil Pasos. Quizás he ido hacia el Enigma y al hacerlo no he dejado que éste venga a mí. Me ha impulsado la acción, el deseo y la voluntad. He descuidado la regla fundamental. La Wu-Wei. Un nuevo camino se abre para mí. No recorrer el Camino, dejar que el Camino me recorra a mi. Sólo entonces el movimiento surgirá.
 
 
III
La montaña se sostiene a si misma. Ni el viento, ni el Sol, ni la Luna la conmueven. Todo lo recibe, lo anuda y lo guarda. Así pasan mis días, idénticos a sí mismos. Mi memoria se convierte en un río cambiante donde se suceden los recuerdos de mi vida, a veces suaves, a veces punzantes. Y comienza a latir una imágen rítmica y constante, como el martillo percute la superficie del metal. Es la del Anciano, entregándome la cometa donde surge brillante, la luz diáfana emergiendo de las sombras. La Flor de Oro del Gran Uno.
La Vía comienza a recorrerme, sólo debo prestar mi cuerpo a sus designios. Po y sus oscuros apetitos tendrán que ser dominados y así tendré suficiente agua, fuego y tierra para gestar el fruto santo.Albergo la esperanza de lograrlo, pues mi vida estuvo siempre regida por la justa medida y el recto gobierno de las pasiones. De no ser así, estaré perdido para siempre en el mundo de las nueve tinieblas. Por eso deberé ser cuidadoso y seguir las instrucciones del patriarca Lü Dsu, así como la hierba se inclina sometiéndose al viento. "Si el hombre erróneo, usa el medio correcto, el medio correcto actúa erroneamente", enseñaba mi abuelo. Ahora sabré si soy digno de entrar en la Gran Casa reservada a los Hsien. El eterno espejo de Los Cielos reflejará mis acciones y guiará mis pasos. A él me he de confiar.
 
 
IV
He trazado el círculo mágico a mi alrededor y sentado derecho con las piernas cruzadas, comienzo la contemplación. Ya no escucharé el susurro del viento en las hojas de los árboles, ni veré el vuelo de pájaros en los cielos. Ahora estoy en mí.
Corazón y respiración deberán complementarse como peces silenciosos en su danza nupcial, pero cuando se juntan Cielo y Agua surge el peligro: la somnolencia. Entonces camino por la habitación hasta que la claridad retorna a mis ojos. A veces, cuando bajo los párpados, llegan los recuerdos de mi casa natal y me distraigo rememorando sus jardines y sus sombras, la tela donde con finos pinceles mi padre dibujó los nueve dragones sin cabeza que reflejaban su carácter, las túnicas de seda cruda y el rostro de jade de la pequeña estatua de Huang-Ti, El Emperador Amarillo, que mi abuelo reverenciaba, el kuan en la montaña donde meditaba en las cálidas noches de verano...Y comienzo a sentir mi corazón latir deprisa, alejándose del centro amarillo. Debo vaciar mi mente y retornar al camino de la Gin Dan, guiado por el justo ritmo de la respiración.
Semanas después, a poco de haber retomado la contemplación, comienzan a presentarse pequeñas llamas de luz ante mis ojos, cálidas y ardientes. Sus formas múltiples empiezan a cautivarme. Luego siguen cojuntos de colores a veces Yang, a veces Yin, que se mezclan azarosamente entre sí, creando extrañas figuras. Y veo acercarse a Fu-Hsi junto al Caballo Dragón que lleva en su lomo los puntos blancos y negros del Ho-Tu, a Lao-Tse montado en su búfalo negro, al Rey Wen portando los tallos de milenrama; a Kung-Tse con el Chi Ching en su mano; a Tse-An volando sobre una grulla amarilla y al venerable Lü-Dsu irradiando llamas de fuego. Estoy en la Tierra de la Fascinación, que me atrae hacia sí, como los brazos de la mujer amada. Con resignación y pesar vuelvo a vaciar la copa de mi mente. He de retornar al Recto Sendero.
 
 
V
Otro año ha pasado desde que comenzó la Vía. El día se presenta bajo el signo auspicioso de lo Creativo. Desde las primeras horas de la mañana, siento el cuerpo liviano como una pluma, mi mente lúcidad y vacía como un recipiente que a la vez todo lo guarda y nada contiene. Lentamente mi pulso se va deteniendo y apagándose mi respiración. Mi cuerpo entero se vuelve brillante como si estuviese hecho de jade y diamante. Entonces comienzo a flotar en la habitación como una nube que reposa en el cielo. Sin afuera ni adentro, todo en él es vaporoso, vacío y pleno. El sentido ha llegado, el Enigma descifrado.
Sin prisa ni temor, presiono con el pulgar el ideograma en relieve en el centro de la mesa circular. Y se corren las ocho paredes del Octógono, dando lugar a ocho espejos pulidos y eternos. Ante mi júbilo y mi horror, devuelven mi propia imagen. Es la de mi abuelo, de 36 años, vivo y genitor. Ahora yo soy tú abuelo, tu eres yo. Engendrarás a un hombre, que generará a un varón, que engendrará a tu bisnieto....Jamás le daré a él, la cometa que algún día me obsequiará, el Anciano del Pueblo de Aguas Blancas en La Garganta del Dragón.
 
 
Carlos Fleitas
Dos libros han sido la fuente de inspiración de esta narración breve:
-"El Secreto de la Flor de Oro" Editorial Paidós Buenos Aires 2da edición 1972.
Traducción de Richard Wilhelm y Prólogo de Carl Gustav Jung.
-I Ching El Libro de las Mutaciones Editorial Hermes Sudamericana 1995 Mexico.
Versión con comentarios de Richard Wilhelm.
Las citas del Tao Te Ching han sido tomadas del libro
-Tao Te King de Lao-Tse. El Taoismo y la Inmortalidad.
Versión y Estudio de Antonio Medrano.
Biblioteca Fundamental Año Cero. Editorial América Ibérica S.A. Madrid 1994.

Recibido de la lista de correos: UNIFICACIÓN YUG

"Celebra cada momento"

"Celebra cada momento"

sábado, 31 de diciembre de 2011

2012: Un año de descubrimientos (en todos los sentidos)


Quedan pocas horas ya para alcanzar el famoso año 2012, del que tanto se ha hablado en muchísimos sentidos; incluso se ha hecho una película. La tendencia ha sido catastrofista en general, basada en las profecías Mayas de un posible fin del mundo. Otras teorías más científicas hablan de un movimiento cíclico de acercamiento de polos o algo parecido, que ocurrió ya hace tropecientos miles de años, y en cuya ocasión el planeta quedó devastado.

Yo creo que hay un poco de acierto en todo ello, por lo vivido, por lo que ha estado pasando en el mundo en los últimos años. Ha habido tsunamis, volcanes en erupción, movimiento de tierra, inundaciones, desastres nucleares. De todo eso hablan las profecías y ha ocurrido. También está habiendo un movimiento global, social, económico y político, una caída del sistema que hasta ahora funcionaba, con unos tintes, desde mi punto de vista, espirituales, que tienen que ver con abandonar la zona de comfort en la que nos habíamos instalado los habitantes del mundo occidental, con el Estado del Bienestar (¡qué nombre más apropiado!) como columna vertebral de nuestro funcionamiento habitual. Están saliendo a la luz estafas y estafadores, engaños, cuentas ocultas como nunca antes había ocurrido. Lo que estaba en la sombra operando en beneficio propio queda expuesto a la mirada general. Habrá más, de eso estoy segura, y lo estoy por estar convencida de que hay una fuerza superior a nosotros que tiene su propio ritmo y sus propias leyes, que es la vida y su propia autorregulación.

Las crisis, es cierto, son oportunidades de cambio, de conectar con algo más allá de lo de siempre, de mirar para adentro y preguntarnos, una vez más, quiénes somos, quién soy yo, qué hago aquí, qué cualidades tengo, de qué manera, que sea MI manera, y no la manera de otros, puedo vivir mi vida y sentirme satisfecha, alegre, feliz, realizando una labor que, no sólo me hace sentir bien, sino que ayuda a los demás a sentirse mejor.

El cambio de paradigma es brutal y necesitamos tiempo para ir cambiando la forma de vida. Necesitamos despedirnos de lo viejo, de lo que ya no sirve, aunque en su momento tuvo su utilidad, para dar más paso a lo nuevo, aunque aún no sepamos cómo es.

Ese es para mí el sentido del 2012: es el final de un mundo para dejar espacio a otro mundo mejor, tal como ha expresado Claudio Naranjo. La humanidad como ente global tiene sus procesos de crecimiento como los tenemos todos a nivel individual.

A mí el 2012 me hace ilusión. Siento que dejo atrás una forma de estar en el mundo, de pensar, de creer que la vida es de una manera concreta, de relacionarme desde un lugar, conmigo misma y con los demás, que se me está quedando pequeña. Tengo sensación de estrechez, de miras escasas, de mezquindad, de superficialidad, de oscuridad, de egoísmo.

Quiero que el 2012 sea el inicio de una mirada amplia, luminosa, generosa, amorosa, compasiva, de conexión con la propia creatividad, con las habilidades con las que hemos nacido y que hemos olvidado a fuerza de que nos las hayan negado, castrado, reprimido. Creo sinceramente que esta famosa crisis que estamos viviendo tiene mucho que ver con eso, con descubrirnos a nosotros mismos en todas nuestras facetas, nos gusten o no, ya que ahí donde escondemos una parte nuestra que juzgamos como mala, está la fuerza que nos puede dar la llave de un bienestar que ya no dependa de otros, sino que es un derecho por nacimiento y que sólo nosotros mismos nos podemos otorgar.

Creo que el año 2012 va a ser un año de ir más allá de uno mismo, de ir abandonando el egocentrismo, la mente pequeña, para conectar con algo mucho más grande dentro de mí y de los demás, mucho más profundo que la simple búsqueda de la supervivencia, de pagar una hipoteca o de encontrar pareja para satisfacer a mi ego y sus pequeñas grandes dictaduras..

Creo y quiero que el 2012 sea el inicio de una gran aventura, la mayor de todas las que un ser humano puede aspirar a experimentar: vivir la vida, saber y sentir que estoy viv@ y que en ese estar viv@, no estoy sola, somo much@s.

FELIZ 2012, FELIZ APERTURA, FELIZ VIDA

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El ladrón que olvidó la Luna


EL LADRÓN QUE OLVIDÓ LA LUNA
 
Ryokan es uno de los poetas más venerados del Japón. Vivió entre la segunda mitad del siglo XVIII y el primer tercio del XIX. Cuando era muy joven conoció a Kokusen Roshi, el maestro Zen que le transmitió el Dharma, convirtiéndose en monje. Durante muchos años peregrinó por su nación, hasta que finalmente volvió a su aldea natal y en una pequeña choza abandonada en el Monte Kugami vivió en la pobreza y el desprendimiento, no por no poder acceder a riquezas, sino por apasionada vocación... Siempre sonriendo, nadie lo vio irritarse jamás. Solía ir a la aldea cercana a visitar amigos, beber sake con los granjeros y fundamentalmente a jugar con los niños. Lo hacía con tanto interés que se le iba el día en un suspiro. Practicó con esmero la mendicidad, la caligrafía y la indolencia. Uno de sus poemas comienza diciendo: "Demasiado perezoso para ser ambicioso, dejo que el mundo se cuide a sí mismo..."
Su poesía, es sencilla en cuanto a su estilo y presentación. Pero sutil, serena y chispeante a la vez. Como tantos maestros budistas, prefirió la brevedad expresiva a la grandiosidad del gesto. La flor es preferida a la espada, el pequeño pájaro de la montaña a las monedas de oro, el callado otoño con sus rojos, marrones y amarillos al aula académica. No hay doctrina ni adoctrinamiento en Ryokan. Ni prédica, ni enseñanza ni meta. Sólo testimonio y entrega a la vida, en su ímpetu y belleza: ¿"Porque hablar de la ilusión y la iluminación? Escuchando a la lluvia nocturna sobre el techo, me siento confortablemente, con las piernas extendidas..." Nada tiene, pero nada le falta. "escucho a los pájaros si quiero música, las nubes son mis mejores vecinos, abajo la pura primavera donde refresco cuerpo y mente, arriba los pinos y robles me proveen de sombra y madera, libre, tan libre, día tras día, que nunca quisiera irme de aquí..." Como nada espera, todo le llega: "El viento trae suficientes hojas, para encender un fuego.", escribe en este haiku que es la medida de su iluminación. Amigo del rocío y de la luna, del sol y del bambú, del arce y del viento, que son su verdadero sutra, a ellos se entrega, en uno de los gestos más bellos y profundos que hombre alguno haya podido describir: "Como una nube a la deriva, por nada atado, me dejo ir, abandonándome al capricho del viento..."
Porque para Ryokan el Universo es nuestro hogar, o más precisamente: "Si alguien pregunta por mi morada, yo respondo: "El borde este de la Vía Láctea" Y entre el cielo estrellado y la tierra que nos sostiene, se despliega el rumor del Samsara. Y el Samsara es el Nirvana. No hay lugar a donde ir, ni búsqueda que emprender. Sólo estar. Pues el mundo no es para él una dramática, pues se ha liberado de toda opresión. Tampoco es sufrimiento, pues se ha liberado de toda codicia y apego. Ni lucha, esfuerzo o competencia pues se ha liberado de la ambición. Ni guerra ni paz, pues se ha liberado de todo odio u esperanza. Ni una oportunidad para perpetuarse a sí mismo, pues se ha liberado de todo deseo de realización propia. El mundo es el lugar de la contemplación de la danza del Ser. En su canto, su melodía y en los arabescos que dibuja para aquel que lo sabe recibir. De allí que en su último poema, nos entregue lo que no le pertenece a él ni a nosotros: ¿"Cual será mi legado? Pájaros en la primavera; flores en el verano, las hojas carmesí de los arces en otoño."
Fue tanta su lucidez, su agudeza y la profundidad de su mirada, que pudo encontrar en algo que en nosotros despertaría dolor e ira, una inesperada reflexión. Un día al volver de una de sus habituales visitas a la aldea vecina, Ryokan sorprende a un ladrón que ha entrado en su choza. Ya está anocheciendo y la luna llena brinda generosa su luz. El monje, al ver que el ladrón no encuentra nada para llevar, toma el único almohadón que tiene y le dice: "Tome, llévelo, es lo único que tengo para darle aparte de mi vestimenta y mi tazón de comida." El ladrón sorprendido toma el almohadón que se le ofrece y huye. Entonces, Ryokan escribe un haiku: "El ladrón dejó tras de sí, a la luna en la ventana."
por Carlos Fleitas.
Mayo 2002.

Inanna, Diosa de la Fertilidad, del Amor y de la Guerra


En la antigua Sumeria, una de las divinidades más importantes fue Innana, conocida también como Isthar. Hija de Nannar, dios de la Luna, y de la Gran Dama Ningal, la luna ;  hermana gemela de Utula conciencia solar, y hermana de Ereshkigal, que resulta ser su opuesto. Es la protectora de la ciudad de Uruk. 
Diosa caprichosa, ambiciosa y muy poderosa. Es un tanto ambigua, ya que lo es tanto diosa del amor y el sexo, como de la guerra. Considerada reina de las mujeres, es también protectora de las prostitutas (ojo, no de cualquiera, ya que en aquel tiempo había un tipo de prostitución sagrada ). Eternamente joven, seductora, amante y promiscua, Diosa de la  naturaleza y de la fecundidad. Podía ser encantadora, alegre, vital y voluptuosa, pero su carácter cambiaba radicalmente ante la guerra: podía a ser la más sanguinaria de todas.También la diosa del grano, guardiana de las emociones, que van desde amor, celos, duelo, alegre, tímido y exhibicionista. Fue Reina del Cielo, diosa de las lluvias suaves y terribles inundaciones.  Ella es la Diosa de la Mañana y el lucero de la tarde, VenusElla nunca se representa como una esposa y compañera, o como una madre, sino como una deidad alta, delgada y atlética, a menudo acompañada por un león, y generalmente armados.  



Inanna es la guardiana de las leyes cósmicas o las "me", las leyes fundamentales del universo, universales e inmutables, acatados tanto por los hombres como por dioses y adquiridos del dios del agua Enki, su abuelo.






Yo saludo a la Santa que está en los Cielos
Yo saludo a la Sacerdotisa que está en el Paraíso
Yo saludo a Inanna, Gran Señora de la Luz

La historia de esta reina y Diosa sumeria relata su viaje al inframundo y su retorno. Inanna desciendo al reino de la Diosa de la Muerte, su hermana Ereshkigal, para experimentar la mortalidad y la muerte.

En cada una de las 7 puertas del Inframundo, Inanna tiene que ceder una parte de lo que pensaba que le era propio: la riqueza, el poder, los atributos. 
Sólo cuando quedó desnuda, humillada y abierta, fue capaz de alcanzar la meta.

Inanna representa la evolución del alma a través de las dificultades y de las experiencias amargas.
Ella está a nuestro lado en el camino, sin desviar la mirada de la verdadera meta, que es la sabiduría.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Flipando con la vida

En Gestalt tenemos una expresión que dice: "No empujar el río", en el sentido de dejar que las cosas sucedan por sí mismas, ya que la vida tiene "vida" propia, tiene su ritmo, al igual que un río que fluye a su rollo y por más que queramos que baje más deprisa, no lo hace ni lo hará.

A menudo queremos que algo suceda, queremos conseguir ese trabajo, o esa relación, o nos gustaría que una persona cercana hiciera tal o cual cosa porque creemos que será lo mejor para ella; pretendemos -que viene de pre-tensión, o sea, tensión previa- que ese dolor que sentimos por una pérdida pase rápido; a ninguno nos gusta sentirnos mal, sentir dolor, tristeza, incluso rabia. Querríamos estar de buen rollo siempre y buscamos con avidez la "felicidad", gran palabra que usamos demasiado fácilmente a mi gusto. Yo me conformo (jeje) con estar en paz, con un cierto grado de bienestar, harto difícil de conseguir. No sabríamos lo que es sentirnos bien si no nos sintiéramos mal de vez en cuando.

Resulta que las cosas van de otra manera y cuando dejamos de empujar el río, dejamos que la vida tome su propio ritmo, suceden "milagros". Dejarnos en paz a nosotros mismos, dejar de luchar con como somos y como es el mundo y empezar a aceptar lo que hay es la mejor manera de conseguir lo que tanto anhelamos. Lo que resiste, persiste. Cuando soltamos, permitimos que la vida suceda. Y la vida es mucho, mucho más sabia que nosotros.

Todo resultado requiere de un proceso y ese proceso es el camino. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Si nos emperramos en un resultado concreto que tenemos en la mente, lo más probable es que salgamos defraudados, frustrados y dolidos ante lo que surja, diferente a lo que imaginamos. Si logramos mantenernos en el aquí y el ahora con lo que hay, con la realidad de la situación, con lo obvio, abiertos al misterio de la vida, ésta nos sorprenderá con regalos inesperados.
Hay lo que hay; que salga lo que salga.

Hoy flipo con la vida y me entrego a ella. Lo que tanto he deseado en diferentes ámbitos de mi vida, por lo que luché, me desgasté, perseguí hasta la saciedad sin resultado alguno, ahora, cuando he dejado de querer conseguirlo, está sucediendo de la forma más inesperada. Como digo, eso está ocurriendo de forma general en diferentes aspectos, sobretodo en el relacional y en el profesional. Y lo más sorprendente es que jamás e los jamases hubiera podido imaginar cómo está sucediendo.

Y lo mejor de todo, es que puedo descansar, disfrutar y tener confianza en que ciertas cosas, afortunadamente, no dependen de mí.



sábado, 17 de septiembre de 2011

Papá cumple 90 años

Ayer mi padre cumplió 90 años. No se enteró mucho, la verdad. Cada vez que aparecíamos alguno de sus hijos o nietos por la puerta para pasar la tarde con él y felicitarlo, preguntaba el porqué. Y cuando le repetíamos, una y otra vez, que era su cumpleaños, hacía cara de sorprendido (lo estaba realmente) y preguntaba: ¿Cuántos cumplo? 90 Papá, 90....
¿90?? No puede ser, decía él con cara de espanto. Quién me lo iba a decir....Nunca me hubiera imaginado vivir tantos años. ¿Ah no, papá? ¿Y a qué edad creías que morirías? Pues no sé, nunca pensé en eso.

Claro que no, Papá, nunca pensaste en eso porque has sido un niño eterno, un Peter Pan. Y ahora, con ese alemán que te vuelve loco, ese Alzheimer, aún pareces más niño que antes.

Mi hermana me decía ayer que no entendía cómo nuestro padre, que siempre ha comido lo que le ha dado la gana, sin cuidarse nada de nada - a mí no me deis nada verde, que no me gusta- , que se ha metido entre pecho y espalda cantidad inhumanas de dulces -especialmente de nata-, y que ha fumado, hasta casi los 80 años, más de 2 paquetes diarios de cigarrillos, puede estar tan sano físicamente. Y yo le contesté que siempre he dicho que Papá es un extraterrestre con una flor en el culo.

Hace pocas semanas murió un conocido, ya mayor aunque más joven que mi padre, de cáncer de colon. Nunca había estado enfermo y, en la primera ocasión, se va al otro barrio. E historias como esa, las que queráis.

Mi padre ha tenido una angina de pecho y un infarto, del que nos dijeron que no saldría; le encontraron un tumor en el colon y nos dijeron que no le hacían biopsia dada su avanzada edad porque seguro que era un cáncer: era benigno y le extirparon parte del colon por nada; piedras en la vesícula que también diagnosticaron como otro cáncer. Este invierno se cayó y se rompió el brazo. Decidieron no operarlo, una vez más por la avanzada edad y nos avisaron que, sin operación, nunca recuperaría la movilidad: la ha recuperado del todo.

Por no hablar del Alzheimer....este último mes de agosto, por poner un ejemplo, mi madre me llamó a las 3 de la madrugada para que fuera a su casa urgentemente ya que mi padre estaba gritando sin parar por querer ir al baño y no poder levantarse de la cama. Una vez allí, con gran esfuerzo (mide casi 1.90) logré ponerlo en pie. Tardamos 20 minutos en llegar al baño, casi no podía andar, parecía que se le hubiera olvidado.
Contratamos a una persona para ayudar a mi madre durante el día, para que lo ducharas, lo cambiara, le ayudara a vestirse y lo acompañara a pasear, aunque fuera unos pasos en la calle y que le diera el aire; incluso estuve mirando centros de día.
Ayer despedimos al chico. Mi padre vuelve a hacerlo todo solo sin problemas, incluso ducharse, vestirse y todo lo que le da la gana. Él mismo (el chico) nos dijo que se sentía inútil y que le sabía mal cobrar por estar ahí sentado sin hacer nada.

¿Alguien duda de que mi padre es un extraterrestre con una flor en el culo?
Genio y figura