sábado, 5 de septiembre de 2009

Animales


SCARLETT

MAIA

BRUCE

Está siendo un verano peculiar, marcado esencialmente por los animales.

Hace un tiempo decía yo en tono cómico que tengo un perro, una gata, un gato, una hija y un hijo.

Desde pequeña me gustan los animales y lo máximo que conseguí que mi madre me dejera tener en casa fueron hamsters, canarios y peces. Me conformé pero lo que yo quería era un perro o un gato, los auténticos y tradicionales animales de compañía. Nunca lo logré.

Cuando tuve mi propia casa, quizás influida por el ambiente de mi familia, no tuve animales. Vivía en un piso en Barcelona (como mis padres) y me acogí al práctico razonamiento de que los animales en pisos son desgraciados, que a los perros se les tiene que sacar a pasear, que dejan muchos pelos y dan trabajo y ya tenía suficiente con mis hijos pequeños, ¡¡sólo me faltaban los animales!!

Cuando mi hija tenía 9 años, le regalaron una preciosa gatita persa blanca, Scarlett, que ahora tiene 16 años. Hace casi 10 años, mi marido y yo les regalamos a nuestros hijos un labrador al que, de forma unánime, llamamos Bruce en honor a nuestro ídolo musical, The Boss. Hace dos años propusieron a mis hijos un gatito más y me suplicaron que lo adoptáramos.

Tras dudarlo 3 segundos, acepté con una única condición: el gato sería mío. Así hice realidad, con casi 49 años, mi sueño de tener un animal de compañía. El gatito (ahora ya gatazo) se llama Maia, en honor al velo que cubre la realidad, como indica también el nombre de este blog: a través del velo (a través de Maya, la diosa hindú de la ilusión, de lo irreal). El nombre lleva a confusión, ya que mi gato es macho y solemos dar por supuesto que un nombre acabado en "a" es femenino. Tanto me da. Se llama Maia y es macho.

En julio, mientras yo estaba en uno de mis cursos en Burgos, Maia se puso enfermo y tuvieron que hospitalizarlo. Vómitos, diarreas, fiebre, sin comer ni beber, todo ello tras una semana trágica en la que una noche se cayó de la repisa de la ventana a la calle (2 pisos) y pasó varias horas bajo un coche, algunos incidentes menores más y para acabar de rematarlo, lo dejamos una noche solo en casa.

Parece que Maia es muy sensible y sentido y debió sentirse abandonado, con el resultado antes mencionado. En cuanto volví de Burgos, fui a hacerle compañía al hospital, acariciándolo y mostrándole todo el amor que le tengo y esa misma noche le desapareció la fiebre, los resultados de la analítica que los veterinarios creían que sería fatal para él (pancreatitis, toxoplasmosis) resultaron negativos y Maia volvió a casa. Está sano y fuerte y vuelve a ser el gato gamberro y cariñoso que era antes.

Maia, con su enfermedad (que yo creo psicosomática), me hizo llorar y me di cuenta de lo muchísimo que lo quiero. Yo me hacía la dura y no quería enterarme de como me apego a mis seres queridos, incluso a los animales. Cuando me dijeron por teléfono que probablemente se moriría de pancreatitis, lloré toda la noche.

Ya en agosto en mis montañas, he pasado 15 días acompañada de Maia y de Bruce, nuestro perro. Bruce ha estado todo el invierno en Cadaqués, en casa de las tías de mis hijos. Decidimos que aquí en el piso era muy desgraciado y nosotros no teníamos tiempo para ocuparnos de él como nos hubiera gustado. Bruce ha sido feliz allí. Nos lo llevamos a la montaña para disfrutar de su compañía en un lugar en el que él se siente bien y nosotros también con él.

Nos hemos paseado varias veces al día juntos. A él le dolían las patas, tenía artrosis, a pesar de lo cual adoraba esos paseos. Caminaba lentamente, yo a su lado y a su ritmo.Descansábamos a menudo, sentados a la sombra de un abeto.

Martes pasado, mis hijos vinieron a buscarlo. Mi hija había planeado una pequeña intervención sin importancia para sacarle un quiste de grasa que tenía en el pecho y así, al día siguiente lo volvía a llevar a Cadaqués a pasar el invierno. Estuve todo el día pegada a él, me costaba separarme de él, le di besos, caricias, ánimos para la intervención. Cuando lo subimos al maletero del coche, Bruce se quedó estirado, con una mirada muy triste, abatido. Parecía saber que ya no volvería nunca. El golpe del maletero que se cerró me hizo estremecer. Tuve un escalofrío y me dio un vuelco el corazón. Me cruzó un pensamiento: Bruce se iba a morir. Lo deseché rápidamente, vaya tonterías piensas, Ana, Sara te ha dicho que no era nada y le han hecho todas las pruebas necesarias previas.

A pesar de todo, en cuanto se fueron, me quedé muy triste, sintiendo el vacío de su ausencia, sintiéndome muy sola sin él. Escribí. Bruce, en esos días, me había abierto el corazón, me había enseñado el amor incondicional, me había hecho sentirme segura a su lado, me había acompañado silenciosamente. Escribí que vale la pena amar a pesar del miedo que le tengo a la pérdida, al dolor, a la tristeza, ya que, mientras dura el amor, es el sentimiento más bello y pleno que se pueda sentir.

La noticia de su muerte al día siguiente fue terrible.
Desgraciadamente, mi pálpito resultó ser cierto.
Su corazón estaba muy viejo y gastado. Se paró repentinamente cuando se acaba de dormir por la anestesia. No puedo imaginar mejor muerte para él. Ni tuvimos que sacrificarlo, ni se nos murió en casa. Hasta el último momento, Bruce vivió y murió elegantemente, dignamente, ahorrándonos, incluso en su muerte, momentos todavía más duros. Y él se fue sin enterarse, sin sufrir, dulce y pacíficamente. La semana que viene lo incineraremos y le daremos el trato que se merecía como miembro de nuestra familia.

Todavía bajo el efecto de la tristeza y el dolor por la muerte de Bruce, nos esperaba otro golpe.

Anteanoche tanto mis hijos como yo salimos con amigos. Cuando regresé a casa, ellos no estaban. Cansada, me metí en la cama. Maia dormía en la terraza. Nunca miro donde está Scarlett, la gata de Sara, siempre está en la habitación de mi hija, ya viejita con sus 16 años y con dificultades para moverse.

Pero....no me podía dormir, la imagen de Scarlett me venía una y otra vez a la mente. Finalmente me levanté para comprobar que estuviera bien. En ese momento llegó mi hijo: Alex, ayúdame a buscar a Scarlett, no la veo. Miramos por todos los rincones de la casa. Había desaparecido. Me puse muy nerviosa. ¿Dónde coño podía estar la gata, vieja y que casi no se puede mover? Si llegaba mi hija y no había aparecido, a la pobre se le iba a caer el mundo encima. Ella es la que siempre se ha ocupado más de los animales, los adora y Scarlett es su gatita desde hace más de 16 años. ¿No había ya suficiente con la muerte de Bruce?

Parece ser que no. Alex se fue a la calle y la encontró debajo de un coche, ensangrentada y viva. No sabemos que pudo pasar, sólo que parecía evidente que se había caído, como Maia en julio, de un segundo piso. Lo raro es que estuviera viva. Mi hijo se la llevó al hospital veterinario a las 4 de la madrugada. Ahí sigue ingresada, con el paladar partido, sin poder comer y con contusiones varias.
Dicen que su vida no corre peligro, pero mi hija se pregunta, como todos nosotros, si vale la pena alargársela con el dolor y el sufrimiento que la pobre gatita está padeciendo. Sara me lo dice con lágrimas en los ojos. Perder de golpe, en menos de una semana a los dos animales que han compartido nuestras vidas durante tantos años es muy duro.

Y una vez más, mi pálpito resultó cierto aunque en esta ocasión sirvió para poder encontrar a Scarlett y ahorrarle unas horas de abandono y desamparo en la calle bajo un coche, herida y dolorida.

Verano peculiar. Se mezclan en mí el amor que descubro que llevo en mi interior y el dolor por las pérdidas, el amor que mis animales me han hecho sentir, que me han ayudado a exteriorizar, que me hace sentir sensible y amorosa, que ha resquebrajado seriamente la armadura, la coraza que me puse hace años por no verme capaz de sostener el dolor.

Vale la pena amar, vale la pena sentir, vale la pena entregarse a esos bellos sentimientos, sin condiciones, generosamente. Vale la pena arriesgarse en el amor, arriesgarse a sentirse herido y seguir con el corazón abierto, porque si lo cerramos, se muere y nosotros con él.

En memoria de Bruce y con la esperanza de que Scarlett nos acompaña un trecho más del camino.






5 comentarios:

Isabel dijo...

Mi querida Ana, como escarpias tengo los bellos…comprendo tanto lo que nos cuentas, tanto. Ahora mismo tengo mil sensaciones encontradas, demasiado difíciles todas ellas de explicar…siento mucho la muerte de Bruce y por otro lado ha sido la mejor de las muertes, tu me entiendes. De Scarlett qué decirte, que ojalá se recupere pronto, pero sobre todo que para bien o para mal, sufra lo menos posible. Ay cuanto dolor trae de la mano el amor y que asquerosa que es la vida sin el. Y bueno, no me enrollo más, bueno sí, me gusta como sientes, me gusta como quieres, como aceptas y te admiro y te quiero.

Un abrazo grande y apretao.

Vilo dijo...

In memoriam: desde el aprecio y el cariño que te tengo, Anita, desear que la armonía y la alegría estén siempre donde tu estés. Que deseo que Scarlett tenga una rápida recuperación, y salga de ella con igual o mejor salud. De Bruce... quédate en el recuerdo con vuestros mejores recuerdos compartidos con él, que es lo realmente llena el alma.

Venga, un beso lleno de mis mejores vibraciones positivas para tí, amiga!

Anónimo dijo...

Microchip-666.

Anónimo dijo...

Si confiesas con tu boca que Jesucristo es tu Señor y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salv@.

Romanos 10.

Anónimo dijo...
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