domingo, 18 de mayo de 2008

La importancia de lo ritos de paso

¿Estás dispuesto a ser triturado,
borrado, eliminado, convertido en nada?
¿Estás dispuesto a convertirte en nada?
¿A sumergirte en el olvido?
Si no lo estás, nunca cambiarás realmente
D.H. LAWRENCE, PHOENIX

Desde que mi padre dejó de trabajar hace apenas 6 meses, con 86 años, como ya he comentado en alguna entrada, está obsesionado con este tema, el trabajo. Ha trabajado desde los 14 años y ha sido comercial desde los 20.

Salía por la mañana, bien trajado y repeinado, oliendo a Floïd y visitaba a sus clientes de toda la vida. Le gustaba su trabajo, en el cual daba rienda suelta a toda su simpatía, buen humor y seducción que le servían para vender lo que le daba la gana. Así se ha ganado la vida durante todos esos años, pasándolo bien, disfrutando de lo que hacía y manteniendo, al mismo tiempo, a su familia. Nunca nos ha faltado de nada.

En los últimos años su cartera de clientes había disminuido por diversas razones, entre las cuales está, evidentemente, su edad y la disminución de sus facultades. No se ha jubilado porque simplemente, no tiene jubilación: siempre ha trabajado a comisión, sin contrato y él no se preocupó de hacerse autónomo.

Hace 6 meses, tras una pequeña intervención quirúrgica, la empresa aprovechó para decirle que ya no hacía falta que fuera a trabajar, que podía ir a verlos cuando quisiera, que le aseguraban unos ingresos mínimos y que se quedara en casa. Conduciendo era un peligro y lo medio engañamos diciéndole que ya no le renovaban el carnet. Lo convencimos para que regalara el coche a mi hermana, que se quedó sin tras un grave accidente.

Desde entonces, insiste en buscar trabajo o seguir en el suyo. No entiende que ya está, que se acabó. No asume esa jubilación y todo ello, junto con su demencia, lo hace obsesionarse con el trabajo. De golpe, ha perdido su actividad diaria desde hacía 72 años y su autonomía al conducir su coche.

Personalmente insistí a mi familia en la necesidad de que la empresa le hiciese un homenaje por su labor. Esa empresa creció, se desarrolló y sus propietarios han ganado mucho dinero gracias a las ventas de mi padre. Dije que era necesario ese acto de reconocimiento a él para que pudiera acometer el proceso de duelo de su trayectoria profesional a lo largo de tantos años con una mínima garantía. No se ha hecho, nadie me apoyó en mi iniciativa.

¿Por qué le doy tanta importancia a este acto? Por dos razones: la primera, creo que mi padre se merece ese reconocimiento "público" y él lo necesita.

La segunda tiene que ver con el título de esta entrada: la importancia de los ritos de paso.
Transcribo algunos pasajes del libro
El viaje definitivo, de Stanislav Grof:

Los ritos de paso señalan cambios críticos en la vida de los individuos o de las culturas. Su oportunidad, o momento, coincide frecuentemente con importantes transiciones fisiológicas, como el parto, la circuncisión, la pubertad, el matrimonio, la menopausia y la muerte; ocasiones en las que el cuerpo, la psique, el estatus social, y el papel sagrado de lo iniciados cambian significativamente.

.......

Los ritos de paso son acontecimientos culturales y espirituales en la que los iniciados pueden experimentar, afrontar y expresar fuertes emociones y energía físicas asociadas con matrices perinatales y transpersonales que todos poseemos en el fondo de nuestra psique incosnciente. Teniendo en cuenta la naturaleza elemental de las fuerzas psicológicas puestas en juego, la manifestación incontrolada, o acting out, de dichas energías puede ser destructiva para la comunidad. En este contexto es importante considerar las conclusiones de Arnold van Gennep, Víctor Turner, Margaret Mead, Mircea Eliade y otros destacados antropólogos, que nos dicen que los ritos de paso son instituciones de importancia capital para el funcionamiento armonioso y cohesivo de la comunidad (van Gennep, 1960, Turner, 1969, Mead, 1973, Eliade, 1958).

Por consiguiente, la ausencia de ritos de paso significativos puede contribuir a las diversas modalidades de psicopatología social observadas en las sociedades contemporáneas. La mayoría de los impulsos de naturaleza destructiva y antisocial, en lugar de realizarse y expresarse con una aprobación social en un contexto estructurado, sacro y seguro, aparecen de forma pérfida en la vida cotidiana y se manifiestan en un gran número de problemas sociales e individuales. El aumento de la expresión sexual, la delincuencia y el abuso de alcohol y narcóticos entre los adolescentes en los países industrializados podría remediarse mediante ritos de paso significativos para este grupo de edades (Mead, 1973; Mahdi, Foster y Little, 1987; Mahdi, Christopher y Mead, 1996).

Dicho de otro modo: los ritos de paso son imprescindibles como punto de inflexión de un modo de vida a otro, con su consecuente proceso de duelo; una muerte a algo para renacer a otra cosa distinta. El proceso de duelo de la etapa anterior se hará con mucha más dificultad si no hay un rito de paso.

En nuestra sociedad actual se han ido perdiendo esos ritos y sólo quedan algunos que realizamos sin entender para qué los hacemos. Hablamos a menudo de falta de límites en la educación de los hijos y eso es, en parte, consecuencia de la falta de ritos. No hay diferenciación entre las diferentes etapas que se suceden unas a otras de forma lineal.

Una boda o un funeral son ritos de paso, por poner ejemplos claros para todos. En la boda, abandono mi vida de soltera/o con todas sus consecuencia y características para iniciar mi vida en pareja, con todas sus características y consecuencias. Dejar mi vida en solitario o con mi familia nuclear va a suponer abandonar un modo de ser y estar conmigo misma/o y con los demás, con sus consiguientes pérdidas.

El funeral es para mí aún más evidente: marca el final de mi vida en la que había una persona importante en mayor o menor grado para iniciar una etapa sin esa persona, en la que voy a necesitar reorganizar y readaptar mi vida sin ella, con el consiguiente dolor, causado, no sólo por la separación definitiva, por el desgarro de su ausencia, sino también por los cambios que eso supone.

He visto a personas que no han logrado elaborar el proceso de duelo de alguien querido por no asistir a su funeral ni haber visto su cuerpo sin vida. Tras muchos años, aún no aceptan ni asumen su desaparición. No es necesario que el rito de paso sea el funeral: uno mismo puede realizar un pequeño ritual de despedida para marcar ese punto de inflexión si en su momento no pudieron asisitir al entierro.

Y eso es exactamente lo que yo quería para mi padre: un pequeño homenaje a modo de rito de paso que a él le marcara el final de su vida profesional con un reconocimiento por su labor durante tantos años, tanto de la empresa como de nosotros, su familia.

Y va a ser que no.....caggggrrrr!!!

7 comentarios:

Irreverens dijo...

Pues sí que lo siento, Ana. Porque seguro que tienes razón en lo de que a tu padre le haría mucho bien vivir ese rito de paso.

De lo que no estoy tan segura es de que todos lo necesitemos. No sé. Sencillamente lo dudo, no digo que no. Lo rumiaré.

Es que así, a bote pronto, se me ocurre que, tanto con rito como sin él, el proceso es tan íntimo, que el esfuerzo para asumir el cambio siempre tiene que venir de la persona que lo experimenta...

,,.mmm... hoy me dejas cavilando.
Mola.
:)

Petonets, guapa.

tootels dijo...

la idea del punto de inflexión.. totalmente de acuerdo.... un nuevo proseguir.. besos niña!!!

Maria dijo...

Pues no lo entiendo, sinceramente, y comprendo tu frustración. En los viejos tiempos te regalaban un reloj durante la fiesta y siento que se haya perdido esta costumbre que ayudaba a internalizar la nueva situación acompañado de jefes y compañeros. Besos

Ad astra per aspera dijo...

es verdad que antes en las empresas había actos, detalles... no sé, algo que despedía al que se iba con orgullo. ahora vivimos en un mundo de mierda, Ana, en el que ya ni siquiera la lealtad es un valor al alza. lo siento por tu padre.

Wilde dijo...

En general, no en particular. Me parece una historia muy triste esas personas que han hecho de su trabajo una pasión y lugar de su vida social más potente. Y digo que me parece una historia triste porque un trabajo no es más que un simple medio para lograr esa pasión y vida social en otros miles de lugares. Y digo, en general, porque conozco mucha gene así.

En particular, impresionante la vitalidad de tu padre, sin duda una vida de mérito. Pero claro, ¿qué es el mérito? Yo no lo quiero, prefiero otras cosas si es que llego a esa bendita edad.

Petons,

Ana dijo...

Irre, el proceso es íntimo y personal, en eso estoy de acuerdo, pero hay leyes universales en los seres humanos y desde que el hombre es hombre han existido los ritos de paso ya que la reacción ante un cambio, siendo íntima, tiene rasgos en común con el resto de la humanidad. De ahí las etapas de un proceso de duelo, universales, aunque luego cada uno las vive a su manera. Los ritos de paso ayudan a realizar el cambio personal. Habrá gente que sin ellos conseguirá superar el trance y otros que no lo harán a pesar del rito. El problema es que nuestra sociedad se quiere sacar de encima rápidamente todo lo doloroso sin darnos tiempo a dejarnos sentir. Cavila, cavila... jajajjja, aunque creo que mejor si te lo dejas sentir!!!

Tootels: ahí está el quid de la cuestión: el punto de inflexión!

María: pues eso, y no es que sea mala gente, al contrario, pero ese detalle lo han obviado. Mi familia no quiere ni oir hablar de pedirlo...me siento frustrada!!

Astra: yo también lo siento y en breve ya no hará falta, la demencia avanza, y yo siento que ese será un vacío que se llevará a la tumba, con la de horas que le ha dedicado.

Wilde: En general Wilde, hay una generación (o más) que así ha sido para casi todos. Familia y trabajo, sobretodo trabajo. Triste en verdad, pero es lo que ha sido. En lo particular, por la edad que tiene mi padre y dejando de lado la demencia, está muy bien, y se aburre en casa, pero ya no tiene la cabeza ni para una partidita de domino, que tanto le gustaba. Es una lástima.

Gracias a todos. besos

carla dijo...

Me gusto, en el sentido de que es claro que la humanidad necesita tomar conciencia de sus cambios y etapas en la vida y si la sociedad no legitimiza esa situación, es difícil que la persona por si sola lo pueda hacer, no olvidemos que como especie humana somos gregarios y necesitamos vivir en sociedad.