miércoles, 18 de marzo de 2009

Independencia emocional

Independencia emocional
Por Paulo Coelho


«Al principio de nuestra vida, y una vez más cuando envejecemos, nos hacen falta la ayuda y el cariño de los demás. Desgraciadamente, entre estos dos periodos de nuestra vida, durante el tiempo en el que somos fuertes y capaces de cuidar de nosotros mismos, descuidamos el valioso cultivo del cariño y de la compasión. Puesto que nuestra propia vida comienza y termina con necesidad de afecto, ¿no sería mejor que practicásemos la compasión y el amor hacia los demás mientras somos fuertes y capaces?»

La cita es del actual Dalai Lama. Es verdaderamente curioso observar cómo nos enorgullecemos de nuestra independencia emocional. Aunque, claro está, tal cosa sea muy cuestionable: seguimos necesitando a los demás durante toda nuestra existencia, sólo que resulta “vergonzoso” demostrarlo, y entonces preferimos llorar ocultamente. Y si alguien nos pide ayuda, es que se trata de un sujeto débil, de alguien incapaz de controlar sus sentimientos.

Hay una ley no escrita que dice que “el mundo es de los fuertes”, y que “sobrevive apenas el más apto”. Si esto fuese cierto, la especie humana no habría podido subsistir, pues sus individuos necesitan protección durante un largo periodo de tiempo (los especialistas dicen que apenas podemos valernos por nosotros mismos después de los nueve años de edad, mientras que una jirafa lo consigue en ocho meses como máximo, y una abeja alcanza su independencia en menos de cinco minutos).

Estamos en este mundo. Por lo que a mí respecta, yo sigo – y seguiré siempre – dependiendo de los demás. Dependo de mi mujer, de mis amigos, de mis editores. Dependo incluso de mis enemigos, que me ayudan a permanecer siempre adiestrado en el uso de la espada.
Desde luego, hay momentos en los que este fuego avanza en otra dirección, pero yo nunca dejo de preguntarme: ¿Dónde están los otros? ¿Acaso me aislé demasiado? Como a cualquier persona sana, también me hace falta la soledad, el tiempo de la reflexión.

Pero esto no debe convertirse en un vicio.

La independencia emocional no conduce absolutamente a ninguna parte – a no ser a una pretendida fortaleza, cuyo único e inútil objetivo es impresionar a los demás.
La dependencia emocional, por su parte, es como una hoguera que encendiéramos.
Al principio, las relaciones son difíciles. De la misma manera, con el fuego hay que conformarse primero con el desagradable humo, que dificulta la respiración y arranca las lágrimas. Sin embargo, una vez encendido el fuego, el humo desaparece, y las llamas lo iluminan todo, transmitiendo calor, calma, y, de cuando en cuando, haciendo saltar alguna brasa que nos quema, pero que también anima nuestra relación. ¿No están de acuerdo?

Esta columna empezaba con una cita de un premio Nobel de la Paz defendiendo la importancia de las relaciones humanas. Concluyo ahora con unas palabras del profesor Albert Schweitzer, médico e misionero, que recibió el mismo premio Nobel en 1952:

«Todos hemos oído hablar de una dolencia de África Central conocida como enfermedad del sueño. Lo que tenemos que saber es que existe una enfermedad muy similar que ataca al alma, y que es muy peligrosa, porque se desarrolla sin ser detectada. Al notar el menor síntoma de indiferencia y de falta de entusiasmo ante los demás, hay que hacer saltar las alarmas.

»La única manera de prevenirse contra esta enfermedad es entender que el alma sufre, y mucho, cuando la obligamos a vivir superficialmente. Al alma le gustan las cosas bellas y profundas».

Estas reflexiones de Paulo Coelho me han llegado de forma profunda y especial, ya que me cuesta horrores pedir ayuda y mostrar mi vulnerabilidad y mi necesidad de los demás. Creo que parte de los problemas del mundo es la impresionante individualidad que corre por en el interior de todos nosotros, especialmente en lo que llamamos "mundo civilizado". Parece que ser civilizado es ser individualista y compartir, participar, como lo hacen aún algunas tribus de nuestro planeta azul, es ser incivilizados.
Empecé el año con la clara sensación de que mi tendencia para el 2009 era ir abandonando mi tan querida individualidad y aprender a compartir, a darme cuenta de todo lo que los demás me están dando, regalando, aportando y a mi ves, compartir y compartirme. Y así está siendo, cada día un pasito más.
Es una gozada...lo estoy disfrutando mucho y cada día descubro cosas nuevas, cosas que estaban ante mis ojos y que yo no veía. Siento más que nunca el car´ño y el amor de los míos, tanto de mi familia como de los amigos que tengo cerca.

Pero.... no estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Paulo Coelho, ya que hay un punto medio y hay gente para todo. Hay personas que, de forma inconsciente esconden su necesidad de los demás y la esconden tanto que ni ellas mismas se enteran de que las necesitan. El darse cuenta de eso es primordial para estas personas y para ello es necesaria la consciencia de lo que está pasando en su interior y eso... no es nada fácil.

Y por otro lado están las personas que aparentemente no saben dar un paso sin la opinión de los demás, que son totalmente irresponsables y se columpian en la vida a la espera de que alguien las saque de cualquier situación en la que ellas solitas se han metido.

Estos dos ejemplos representan dos polaridades de lo mismo. Una por demasiado y la otra por demasiado poco.

No creo que sea sana la dependencia emocional, tampoco la independencia emocional. Más bien creo en la responsabilidad (no en las obligaciones) que no es más que la habilidad de encontrar respuestas y soluciones a mis necesidades (a las mías, no a las de los demás) y si la solución a mi necesidad está en los demás, es mi responsabilidad pedir ayuda y eso no es dependencia emocional, sino, repito RESPONSABILIDAD conmigo misma.

En todo caso, siguiendo el hilo de lo que dice Paulo Coelho, creo en la interdependencia emocional, en saber contar los unos con los otros, en practicar la autenticidad con nuestros sentimientos y emociones, expresándolos cuando yo decido expresarlos, asumiendo las consecuencias de mi decisión.

Nacemos dependientes y solemos morir dependientes.....nacemos solos y morimos solos... quizás la cuestión es aprender durante el resto de la vida a valernos por nosotros mismos contando con los demás para logarlo. ¿Hay una sutil diferencia, no?

Y como dice el Dalai Lama: ¿no sería mejor que practicásemos la compasión y el amor hacia los demás mientras somos fuertes y capaces?» Ahí sí, ahí el dalai Lama le ha dado de pleno.

4 comentarios:

Irreverens dijo...

Y tú has vuelto a darle de pleno con tu entrada, Ana.

A veces, en mi vida actual, me cuestiono seriamente si no estaré cayendo en una profunda indiferencia hacia los demás. PEro luego me doy cuenta de que no es así. Soy una persona extremadamente independiente, pero también soy capaz de llamar a mi madre, a una amiga o escribir a un amigo para en cierto modo solicitar su atención.

Como tú bien dices, se trata de conocerse, ser consciente de lo que se siente y a partir de ahí, obrar con responsabilidad.

Un besazo.

Nina Maguid dijo...

Me sumo a tus palabras y a las de Irreverens, no sé cómo derribar estas barreras que me separan de los demás. Detrás de una fachada de mujer autosuficiente, hay un animal asustado que huye a la cueva en cuanto ve una sombra. Y un corazón lleno de amor que se pierde por falta de uso.
Vaya, me has hecho soltar una confesión casi ante mí misma.
Un abrazo fuerte, Ana de los milagros.

Juana dijo...

Ya se que soy un poco "rarita" pero creo que nunca, absolutamente nunca estamos solos, ni cuando nacemos ni cuando morimos, ¿quién está? ¡uf! más "personal" del que imaginamos. Abre el cuerpo a la percepción y ¡alucinas!
Creo como dice Carvajal (médico) que somos relaciones, no individuos.
Y como tú bien dices, en el término medio está la virtud dependencia-independencia, en equilibrio .... no digo que sea fácil.

Ana dijo...

Así es Irre, además vale la pena "revisarse" de vez en cuando para saber en qué punto estamos de nuestra tendencia neurótica.

Nina, qué buena esa confesión!! tal como te percibo, estoy segura de que tienes un corazón enorme, quizás sólo tengas que atreverte???

Juana, yo creo que el acto en sí de nacer y morir es esencialmente un acto solitario en el que nadie nos acompaña, ni tan siquiera el "personal" al que me imagino que te refieres; profundamente, aunque estemos en compañía, eso lo hacemos solos...es una percepción muy sutil que no sé explicar mejor. Durante la vida, de acuerdo contigo y con Carvajal, somos individuos sociales y por tanto sin las relaciones, seríamos salvajes.