miércoles, 16 de diciembre de 2009

Descubriendo a Maya

Descubriendo a Maya, apartando el velo que nos esconde la realidad, abandonar ilusiones, expectativas, esperanzas que nos enturbian la mirada, ante todo, de nosotros mismos y también del mundo que nos rodea, de los demás.
Más que nunca el sub-título de este blog coincide con mi realidad.
Se me están cayendo los conceptos, las estructuras, todo en lo que yo me apoyaba, en lo que yo creía. Se derrumba todo (recomiendo un libro sobre esto: CUANDO TODO SE DERRUMBA, de Pema Chodron), cual Torre del Tarot, siento que no tengo nada a que agarrarme, nada de lo que sustentaba mi vida se aguanta ya. Estoy tocando el vacío y a ratos eso es angustiante.

Pensamientos y emociones se derriten cual nieve al sol al poco de aparecer. Todo es mentira, nada es real, salvo la respiración, el contacto, las caricias, el latido del corazón.

No puedo dar y recibir amor, el amor ES por sí mismo y pasa a través de nosotros si le permitimos que fluya. Solemos bloquearle el paso, con nuestros propios bloqueos, con nuestra escisión, con nuestros miedos.

Me estoy acostumbrando a apartarme, apartar mi ego, mi personalidad y convertirme en espectadora del paisaje, interno y externo. Cambio la frase: ME está pasando tal o cual cosa, por ESTÁ pasando tal o cual cosa, eliminado el ME, despersonalizando la experiencia y poniéndome en la posición de observadora de lo que pasa a través de mí.

No es fácil, la tendencia a querer ser protagonista aparece una y otra vez. La resistencia al cambio, a soltar lo que ya no me sirve, es potente y produce sufrimiento. Los apegos a personas y cosas se hacen muy patentes. También a actitudes, arraigadas profundamente por años de práctica.

Tengo sensación de contención, de estar prisionera de esos conceptos anticuados que van cayendo. No aparecen nuevos por lo que la sensación de desnudez y vulnerabilidad se va haciendo cada vez más intensa. Me siento frágil y gracias a esa fragilidad instauro nuevos hábitos en los que predomina el cuidado de mí misma, los mimos a todos los niveles, desde la alimentación hasta rodearme de ambientes y personas en los que me siento bien, cuidada, querida, huyendo de otros en los que ocurre todo lo contrario.

Acepto la realidad que hay en estos momentos en mi vida y, en base a ella, adapto mis actitudes. La realidad cambia constantemente; me siento abierta a recibir lo que vaya llegando, a escuchar al otro, desde el silencio y la entrega.

He tenido la fortuna de sentir un profundo amor que invadía todas las células del cuerpo. En ese momento no había espacio para el dolor por no poder compartirlo. Desaparecían todas las barreras, podía percibir al ser luminoso que habita prisionero de las actitudes neuróticas. Aunque la fabulosa sensación ha desaparecido, sé que está ahí. Mi tarea ahora es aceptar que, aunque ese amor ES, las barreras, por muy ficticias que sean, están y actúan con férrea determinación.

En nuestro mundo, se mezclan irremediablemente lo real y lo ficticio de tal manera que es muy difícil discernir qué es uno y qué es lo otro. Lamentablemente solemos creer que lo real es lo ficticio y que lo ficticio es lo real. ¡Qué gran confusión! pensamientos y emociones aparecen como muy reales, nos identificamos con ambos y sin embargo, en una fracción de segundo pueden cambiar radicalmente.

Descubriendo a Maya, desvelando el misterio, poco a poco y no sin dificultades.


2 comentarios:

Mafalda dijo...

He tenido esas sensaciones a veces... y te aseguro que nunca habría sido capaz de explicarlas tan bien.

Ana dijo...

Gracias Mafalda, alivia saber que otros como tú han pasado por eso.