jueves, 19 de junio de 2008

El lado oscuro

Señoras y señores, me paso de bando, me voy al lado oscuro. De trabajadora social a excluida social, justo hoy que acabo de llegar de una jornada sobre inclusión social que ha organizado la Diputación de Barcelona.

Estoy hasta los mismísimos ovarios de trabajar por un sueldo mísero ayudando a gente etiquetada de excluídos sociales, proporcionándoles a veces recursos que ni yo misma tengo para que llegue la declaración de renta y me peguen un palo que me ha dejado seca, tanto que voy a tener que pedir un crédito para pagar a los ladrones de hacienda. Sí, me siento robada, estafada y gilipollas.

Este año, mi situación fiscal y las "circunstancias" están todas en mi contra, es decir, he trabajado demasiado, mi hijo ha cumplido 18 años y mi hija ya tiene 23 años, lo cual parece significar, para hacienda, que ya no son hijos míos, que no comen, ni estudian, ni se duchan, ni se visten ni viven bajo mi mismo techo, aunque la realidad sea diferente. Ya no forman parte de mi núcleo familiar y ya no consta que estén a mi cargo ya que por unos mínimos ingresos que tienen han de hacer ellos también declaración de renta. El alquiler de mi piso no me desgrava nada, ya que en este puto país si tienes dinero para pagar un piso y una hipoteca, te premian con una desgravación, pero si tienes la desgracia de no poder comprar una vivienda, te penalizan sin desgravación fiscal por el alquiler, o sea, mejor ir a vivir debajo un puente y que se haga cargo de mí los servicios sociales y que paga rita la cantaora, es decir, los contribuyentes que, como yo ahora, son sableados por el gobierno.

O sea, trabajo como una gilipollas por un sueldo de mierda, no llego a final de mes o lo hago con muchas dificultades, tengo a mi cargo dos hijos en edad de estudiar, huérfanos de padre, estoy sola con todas las responsabilidades que eso supone y para los señores de hacienda es como si todo lo que gano fuera para mí sola y viviera del aire y en el aire.

Fantástico.

Lo que me provoca todo eso, aparte de un cabreo monumental y una gran sensación de impotencia, son las ganas de estafar y de robar a los que me están robando, al más puro estilo Robin Hood. Me he dado cuenta de que no me interesa tener un contrato de trabajo con el máximo de horas, ya que cobro una miseria y encima, cuando hago la declaración, no puedo pagar lo que me piden. Mejor me quedo en casita haciendo ganchillo y macramé y trabajo en negro.

Estaba tan rabiosa volviendo a casa en el tren tras haber hablado con la abogada que me hace la declaración que no he matado a un niño y a su madre por puro instinto de conservación (mío, claro). Estando yo sentada se han subido dos madres con dos niños de 3 añitos más o menos. Quedaban 2 sitios libres en el espacio de 4. De entrada, he alucinado al ver que las madres sentaban a los niños y ellas se quedaban de pie, cuando para mí lo lógico hubiera sido que se sentaran ellas y pusieran a los niños en sus rodillas. Los niños, especialmente uno de ellos, no paraba de gritar y ponerse de pie en el asiento y su madre, con una parsimonia pasmosa y una dulce voz le decía; no Tomás, de pie no y no grites. A lo cual Tomás respondía con más gritos, más fuertes y más pataleos encima del asiento.
Las madres han decidido intentar calmar a los niños haciéndolos cantar. Cuando he oído la propuesta, casi me da un chungo. Sólo me falta que se pongan a cantar para acabar de rematar el asunto. Pues sí, se han puesto a cantar y Tomás seguía gritando y pataleando.

Mientras, yo me esforzaba por mirar por la ventana y sentía como mis mandíbulas se iban apretando del cabreo que ya llevaba encima más el incordio de Tomás y compañía. No sé si me ponían más nerviosa los niños o las madres. Tanto da, el conjunto en sí me crispaba hasta hacerme sentir una asesina reprimida.

Y ha llegado la culminación: Tomás se ha puesto a gritar aún más fuerte, moviéndose como un gusano con patas y ahí ya no he podido más. He girado la cabeza, he mirado con cara de odio mortal al niño y después a la madre. Tomás se ha callado de golpe y la madre ha declarado que como estaba molestando mucho, aunque no fuera su parada, se bajaba del tren.

Y así lo ha hecho. Lástima que no se hubiera bajado antes, ya que a la siguiente yo también me bajaba.

En momentos así descubro una vena agresiva y violenta en mí que me asusta un poco, aunque prefiero conocerla y sacarla de alguna manera que dejarla dentro sin saber que existe, campando a sus anchas y haciendo de las suyas cuando menos me lo espere.

El lado oscuro.

3 comentarios:

Vilo dijo...

Te has expresado de narices, chica!

Tienes toda la razón al cabrearte, el "sistema", está pensado para sacarnos cuanto pueda, y devolvernos lo justito, y a veces menos.

"Lado oscuro"... no es para tanto, digamos que, como algunos en ciertas cosas, y otros en casi todas o todas, empezamos a pasar de plegarnos a los dictados sin sentido y estúpidos de la supuesta "sociedad", y su "progreso y bienestar". Que se lo metan por...

Hay cosas buenas, por supuesto, y muchas. Pero tú eres el ejemplo de que aún queda muchísimo que mejorar, en cuanto al trabajo, a la calidad humana y de respeto de las personas, a los valores que los padres enseñan con el ejemplo a los hijos... y más aún.

Bienvenida al club, de los que preferimos pensar por nosotros mismos a que nos lo den todo ya hecho, masticado, empaquetado...

Vaaaa, y a seguir dando caña, Anita!

Irreverens dijo...

¡¡Ay, Ana!!

Entiendo tu cabreo perfectamente... De hecho, yo pasé por algo parecido hace unos días. Soy autónoma, pago un alquiler por un sitio para vivir y trabajar y, como resulta que tengo más de 35 años (36, exactamente), no me puedo desgravar absolutamente nada. Flipa con flowers, colega.

Y te prometo que lo que he ganado este año ha sido más bien poco...

Lo que más me molesta es que, viendo lo que he tenido que pagar en distintas épocas de mi vida, nada cuadra. Parece como si el resultado del IRPF no fuera con nosotros. Que da igual lo que hagamos, que siempre nos tocará pagar o recibir cuatro malditos euros...

En fin, lo dejo, que yo ya estaba tranquila.

En cuanto a lo de las madres y los niños... uffff. Una plaga. Y como tú dices: no sé quienes son peores, si las madres o los hijos.

Te mando un abrazo enorme. Intenta respirar hondo y tómate una tila antes de irte a la cama.

Nina Maguid dijo...

Primero te abrazo desde el corazón y te canto una nana, cuánto sufrimos y qué desvalidas nos hacen sentir. Después te agradezco porque tu relato me ha servido de catarsis, lo he vivido en primera persona y he disfrutado al ponerle mala cara a Tomás. Lo bueno es tu cabreo, a soltarlo todo. No tengo palabras alentadoras, sólo aplaudirte por esos ovarios de acero, que seguramente dan mucho de sí. Un beso solidario.