lunes, 9 de junio de 2008

Dar y recibir

Dar y recibir. ¿Cuántas veces he oído, leído y dicho esta frase a lo largo de mi vida? Muchas, miles tal vez. El equilibrio está en dar y recibir. Pero, ¿cómo se hace eso? ¿cómo se calibra lo que doy y lo que recibo? ¿Cómo se encuentra y se decide si doy más que recibo o recibo más que doy? ¿No depende eso de la percepción de cada uno? ¿Y si la percepción no coincide, que es lo que suele suceder?

Me viene a la mente el significado de "recibir" en el sentido de acoger a personas en mi casa, para una cena, amigos invitados a pasar unos días, etc. Recibo en mi casa, acojo, ofrezco un espacio, un tiempo, unos alimentos, una cama, un techo, unas comodidades. Recibo dando.

Creo que aquí está el quid de la cuestión. Recibir es dar y dar es recibir. En realidad es lo mismo. Es el encaje, la sincronización, el acoplamiento de ambas cosas en el mismo momento.

Si sólo doy, si me empeño en que sólo sea en un sentido, en el de dar y nunca recibir, la consecuencia, antes o después, es el final, el vacío, la muerte. Supongo que al revés también, pero ahora me centro en lo que me pasa a mí.

La base de mi carácter neurótico es el orgullo. Orgullo de no mostrar nunca mi necesidad. En realidad, de ni tan siquiera contactar con ella. Yo no necesito. Sentir que necesito es muy doloroso para mí pues es aceptar que soy vulnerable, que soy frágil en determinados momentos, que necesito a los demás y si eso es así, me arriesgo a que me hagan daño, a que me hieran, a que me abandonen. Por lo tanto, mi mecanismo de defensa neurótico es ignorar mi necesidad y poner en marcha otro mecanismo de defensa: la proyección.

Me gusta mucho una metáfora de la proyección: la del cine. Ahí hay una habitación muy pequeñita y oscura donde un aparato hace girar la película y la proyecta, a través de un pequeño agujero a la gran pantalla de la sala grande, donde todos nos sentamos a ver esa película. Así funciona en nosotros ese mecaniso de defensa. Hay cosas en nosotros, en un cajón oscuro y cerrado, que no somos capaces de ver (el inconsciente) y sale por una rendija hacia el exterior, proyectándose en los demás. Los demás son esa gran pantalla donde vemos reflejado aquello que no somos capaces de ver en nosotros mismos por ser demasiado doloroso de aceptar.

He descubierto que lo que yo hago es proyectar mi necesidad en los demás. Como soy (era) incapaz de contactar con ella, la veo en los otros y me lanzo a ayudar sin pensármelo dos veces y sin esperar a que me lo pidan. Al dar mi ayuda, me siento útil e intento hacerme imprescindible para el otro y así recibir lo que necesito sin tener que pedirlo, sin expresar mi necesidad. Como no soy consciente de ello, si el otro me rechaza, rechaza mi ayuda o no me corresponde, me siento abandonada y tacho al otro de ingrato. En realidad es una actitud manipuladora.

Cuando tengo el impulso de abrazar a otro, la cuestión es ser consciente de si lo abrazo porque creo que el otro lo necesita o porque yo lo necesito. Si es la primera opción, por un lado eso es prepotencia, dar por sentado que el otro necesita mi abrazo sin que lo haya expresado. Puede que sí y puede que no. Por lo tanto puede que esté invadiendo al otro o puede que lo está invalidando, como si no fuera capaz de pedir ayuda cuando la necesita. Y puede que sea yo la que necesito ese abrazo y lo proyecto en el otro.

Si es la segunda opción, me hago consciente de mi necesidad y la expreso, pidiéndole al otro un abrazo y arriesgándome a que no me lo quiera dar, lo cual me causará dolor. Eso es lo que yo suelo evitar y de ahí mi mecanismo de proyección.

Otro ejemplo de proyección: un compañero del grupo de formación expresó textualmente: suelo ser un cabrón, abandono a la gente que quiero. Me he dado cuenta de que abandono para evitar el dolor de ser abandonado. Creía que a mí no me importaba ser abandonado y en realidad es lo que más me duele. Por eso me cuesta comprometerme con alguien. Tengo miedo y desconfío de todos. Es una proyección de la falta de confianza en mí mismo, de no creerme merecedor de amor y aceptación y antes de que me lo demuestren abandonándome, abandono yo.

Volviendo al dar y recibir, de lo que me he dado cuenta es de que cuando acojo a alguien, de la forma que sea (en casa, en un abrazo, en escuchar al otro) estoy recibiendo lo que el otro me da, su confianza, su complicidad, sus confesiones; está compartiendo algo suyo conmigo; y el otro, al darme eso, está recibiendo mi cobijo, mi abrazo, mi escucha y también mi confianza y mi complicidad. El dar y recibir es simultáneo, es una sincronía en los dos sentidos, que ocurre o no ocurre al mismo tiempo. Y si no ocurre así, no hay equilibrio y por tanto, muere.

11 comentarios:

Irreverens dijo...

Menuda entradita, Ana...
Voy a meditarla un tiempo, aunque de buenas a primeras creo que puedo decir que últimamente he mejorado bastante a la hora de equilibrar ese dar y recibir. Yo también era de las que no necesitaban nada ni a nadie... ejem...
:)

Bien por ti.

Un petó

Juana dijo...

He recibido un correo que dice que hay tres cosas muy difíciles de decir, "te quiero", "lo siento" y "ayúdame", reconozco que la última es la que menos frecuento, aunque lo intento.

mreina dijo...

Bueno, para reflexionar si que es...no puedo decir nada, es la primera vez que vengo por aquí y ya me haces trabajar....

Ana dijo...

Jeje, os hago trabajar!!!
releyendo mi propia entrada siento que no la he acabado, y ahí va el final:
Cuando se da esa sincronía, ese acoplamiento del dar y el recibir, es un momento mágico, perfecto.

La tierra por sí misma no puede dar nada: necesita recibir una semilla, sol y agua para ofrecernos sus frutos.

La mujer por sí sola no puede concebir hijos: necesita la semilla del hombre para dar vida.

Ese instante mágico en que la mujer se da al hombre y lo recibe en su interior para acoger su semilla es el perfecto ejemplo, como el de la tierra, del dar y recibir simultáneo.... además de ser puro placer!!! jajajajja

Ana dijo...

Pues también bien por ti Irre!! así que no necesitabas eh?? jajajjaaj

Juana:pues sí Juana, para algunos, esa es la más difícil

mreina: bienvenida a mi blog. Pues sí, a veces mis entradas hacen trabajar! No es mi intención, yo sólo plasmo mis experiencias y reflexiones....tú misma.... jajajajajaja
Cuando tenga tiempo me paso por tu blog.

Gracias a las 3!!!

Meiga en Alaska dijo...

Ana, que buena me ha parecido esta entrada. Nunca había conceptualizado de esta manera lo que expones, el recibir dando y con la misma el dar recibiendo, el equilibro y la magia en ese instante perfecto, como bien sugieres.

Gracias por exponerlo de esta manera.

Muy buena tmabién tu metáfora del ca para explicar las proyecciones :)

Y sí, yo también soy de esas que siempre me ha dado cosa pedir ayuda, especialmente si la ayuda se la tengo que pedir a otra mujer. Y bueno, en ese pequeño detalle hay mucha tela, como imaginarás, pero en fin, no es el lugar ni el momento :)

Besos

Ana dijo...

Gracias Meiga ;)la verdad es que puro placer reconocer esos momentos de dar y recibir al mismo tiempo. Se da el contacto y luego, hay que saber retirarse!!
Creo que muchas mujeres de nuestra generación hemos aprendido a no contactar con nuestra necesidad, quizás por movimiento pendular, por polaridad. No sé, este sería otro tema!!!
Un beso

darYrecibir dijo...

¡dar y recibir es lo mismo!

Vilo dijo...

Te entiendo, Anita. Yo a veces he dado como tu dices, para no tener que pedir lo que tanto necesitaba o creía necesitar. Hasta que descubrí que cuando doy algo porque me surge, me sale de dentro, pero sin esperar nada a cambio, dejando que ocurra... recibo siempre, y suele ser algo que me sirve.

Uno aprende a dar lo que sabe, su experiencia, sus conocimientos, su arte... yo al menos veo como la gente me abre su corazón, su confianza, o me enseñan también de lo que ellas saben o han vivido.

Y, aunque se siente y mucho, dar abrazos por el placer de darlos, sin un motivo más que el disfrutar y sentir... a veces el otro/a no lo entiende y lo rehuye, pero el que se abre a abrazarte intensamente... uuuuuaaaaaauuuuuu... eso es maravilloso!

Un 10 para tu post, amiga!

Mariano Zurdo dijo...

Como dice Irre, menuda entradita... Estos días no tengo capacidad de enfrentarme a este tipo de reflexiones, pero volveré e intentaré empaparme de ella.
Besitos/azos.

Verónica Curutchet dijo...

... y dar es no esperar nada a cambio...


;) un beso
Verónica