lunes, 11 de febrero de 2008

Sísifo




Mala leche. Me he despertado de mala leche y triste. Llevo días con un dolor en los hombros, como si llevara un saco de cemento de una tonelada encima. He intentado sacármelo pero no hay manera, sigue ahí dando el coñazo y haciendo que todo lo que hago me supone un esfuerzo sobrehumano. Estoy cansada.

He aprendido que todo lo que nos pasa emocionalmente se registra en el cuerpo de una manera u otra y sé que ese dolor me está diciendo algo, que ese peso me lo pongo yo solita sin ayuda de nadie. Sé, intelectualmente hablando, que es mi manera de afrontar las responsabilidades, no las responsabilidades en sí mismas. Es decir, parte de mi carácter tiene grabado en fuego que las cosas se consiguen con esfuerzo y por más que intento eliminar esa ley y hacer las cosas desde el placer, lo consigo menos de lo que yo quisiera. Soy una extremista y me voy fácilmente de una polaridad a otra.

Se trata de la exigencia, de pretender hacerlo todo a lo grande y rápidamente. Soy como una mula de carga: me lo pongo todo en la espalda y venga!!!! palante!!! Me cuesta mucho pedir ayuda y decir: con eso no puedo. Yo siempre puedo y cuanto mayor es el tema, más me reto a mí misma a conseguirlo, como si no hacerlo fuera el mayor de los fracasos y yo..... no puedo fracasar.

Bueno, yo lo vivo como un fracaso y en realidad no lo es; es, simple y llanamente que no puedo porque soy humana. Esa es mi prepotencia, creer a veces que no soy humana, sino divina (jeje) y cuando me doy cuenta de que no lo soy (divina, claro) me hundo en la más miserable de las humanidades. Otra vez, de un polo a otro, de divina a humana y de humana a divina.

Yo creo que el ser humano es, todos nosotros somos, como dijo Fritz Perls, mitad hijos de puta mitad hijos de dios. Dios como nombre que estamos acostumbrados a poner a la divinidad, no como el señor de barba blanca que vive allá arriba en los cielos y que nos ha vendido el catolicismo.

Dios como el Todo, la Unidad, el Cosmos que está compuesto de todos nosotros, incluidos los animales, las plantas y los minerales. Todos y todo es Dios, pero no alguien separado de nosotros, sino nosotros mismos.

Como es arriba es abajo. Arriba somos pura consciencia global, un todo unificado y abajo también pero nos hemos olvidado. La experiencia humana es una experiencia de recordar nuestra divinidad a través de la humanidad, reconciliar los polos, la dualidad, para reparar la escisión que nos caracteriza con la personalidad. La experiencia humana es para mí el proceso para lograr sentirme aquí tal como soy allí porque en realidad no hay un aquí y un allá, todo está en todas partes.

El cielo y el infierno están en nuestro interior, es un estado, no un lugar. Otra polaridad. Es imposible vivir siempre en una de las polaridades. Si intentamos hacerlo, estamos negando y reprimiendo la otra y no por ello deja de existir, sino que se hace más fuerte en nuestro interior y va por libre, causando estragos.

Volviendo a mi peso en los hombros, estoy aprendiendo a dar pequeños pasos en vez de grandes zancadas, a ir más despacio, a respetar mi ritmo sin querer ir más allá de donde estoy y disfrutar de lo que hago a cada instante sin que suponga un terrible esfuerzo.

Esta mañana me ha venido a la mente Sísifo.

En el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio (La Odisea, xi. 593).

El motivo de este castigo no es mencionado por Homero, y resulta oscuro (algunos sugieren que es un castigo irónico de parte de Minos: Sísifo no quería morir y nunca morirá pero a cambio de un alto precio y no descansará en paz hasta pagarlo). (Wikipedia)

Así me siento a veces, como hoy.

15 comentarios:

Irreverens dijo...

Propongo que la próxima vez que la piedra ruede ladera abajo, tú te quedes arriba de la colina a contemplar el paisaje.
:)

¿Sabes qué he aprendido yo desde la soledad de mis días ante un ordenador? Que no estoy obligada a demostrar nada a nadie. Y puede que parezca una soberbia estupidez. Pero el día que me lo dije en voz alta y mirándome al espejo, se me hizo la luz y empecé a disfrutar aún más de mis días.

Me encanta cuando te desnudas así, Ana. Porque estoy segura que muchos de nosotros funcionamos exactamente igual.

Un petonàs.

Ana dijo...

Irre, eres la ostia!! no sabes como se me repite esa frase en mi interior últimamente: no estoy obligada a demostrar nada a nadie, ni a mí misma. Tu propuesta me parece genial, ver la piedra rodando solita y yo quedarme en lo alto de la colina. Gracias preciosa, tu comentario me es muy valioso.
Un fuerte abrazo

Irreverens dijo...

jojojo, ¡¡¡cómo me alegro de haber hecho un comentario valioso!!!

Y menuda casualidad lo de la frase ésta, ¿no?
:-)))))))))))

Abrazos, pues.

Ana dijo...

Pues si Irre, cuando la he leido en tu comentario me he quedado alucinada pues se trata de eso exactamente. Me has ayudado mucho, graciassssssssssssss:-))))

Vilo dijo...

Meditada disertación, podríamos decir. Vamos, que te has currado el texto. Como tu expresas, cuando se quiere algo hay una parte de esfuerzo personal. Aquello que no nos cuesta, muchas veces nos deja sin la satisfacción del premio conseguido, de la meta lograda, del crecimiento integral que se produce en nosotros.

No todo ha de ser un camino lleno de obstáculos y dificultades, claro. Pero, haciendo un símil, normalmente hay que salirse de las grandes autopistas y entrar en carreteras secundarias para llegar a los más bellos lugares -a veces incluso perdiéndose y encontrando rutas nuevas-.

Y, como dijo Jack Lemmon a Toni Curtis en la película "La extraña pareja": Sabes una cosa? Cuando en tu vida veas una posibilidad de ser feliz, agárrala con las dos manos, y a la mierda con las consecuencias.

Releeré el texto, pues tiene miga, y hay que leerlo pensándolo, amiga...

Hasta prontito!

tootels dijo...

existe un error... la piedra rueda y rueda... y sigue rodando... pero eso produce dos cosas al mismo tiempo y gradualmente... cuanto más la empujas, más fuerte te haces, por costumbre o por obligación, todo se suaviza... y ademas, esa piedra se va desgastando, y desgastando hasta que solo sea arenilla, y así la podras apartar de un soplo... tu puedes con eso y mucho mas!!!
Me encanta la historia de sisifo, todos la llevamos un poco, no?
Besines guapa!!

ISOBEL dijo...

cuando las cosas se ponen cuesta arriba y se nos enganchan en la espalda, justo ahí, en el trapecio, ponemos un poquito de calor e intentamos ver las cosas mas tranquilamente, un abracito, que no hay mal que mil años dure y eso lo sabemos todos.

Ana dijo...

Tomo nota de todo lo que me habéis dicho y lo tendré en cuenta. Gracias por vuestros comentarios.
Un abrazo

KITT dijo...

Y ademas un beso mio...

ya sabes donde estoy...

kitt

MonikaMDQ dijo...

Llámame bruta pero no conocía la historia de sisifo...¿ves como si aprendo leyéndote a vos?
Pasé a saludarte, veo que hace dias colgaste esto por eso espero que ya estés mucho mejor!
Un besote guapa!

Pluskys dijo...

Llego un poco tarde, y espero que estés mucho mejor. Veo que te han dejado buenos consejos por ahí arriba.

Por cierto, yo tampoco conocía la historia de Sísifo. Muy interesante.

Besos.

Pedro (Glup). dijo...

Perdona pero �no te comes mucho el coco?

Ana dijo...

Monik y Pluskys, aquí nunca es tarde para dejar comentarios y os agradezco vuestras visitas.

Kitt, sé donde estás.... gracias

Pedro glup: me lo como todo lo que me da la gana. Si es mucho o poco ya es cuestión de opiniones y como es el mío, decido yo.

Desesperada dijo...

vaya, yo conocía la historia de sísifo, qué listilla no? siempre me ha gustado porque me parece una metáfora terrible de nuestra existencia, siempre superamos problemas y cuando creemos que han pasado vienen otros, más o menos como la piedra rodando...

un beso, ana, y cómete la cabeza lo que te apetezca. ya sabes que yo te sigo, jajajajaja

tutu dijo...
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