martes, 24 de abril de 2007

Fragilidad

Suena el despertador. Poco a poco abandono el estado de letargo de la noche, siento el aire fresco de la mañana entrar por mi ventana y la tenue luz atravesar mis párpados cerrados. Mis sentidos todavía están embotados y aparecen imágenes del último sueño, en el que estoy tumbada en una cama junto a mi hermana mayor, que habla con un hombre al que yo identifico como su marido. Están quejándose de su vida en general. Yo los estoy maldiciendo porque no me dejan dormir y porque estoy harta de oir sus quejas y sus males y desgracias. Me revuelvo, empujando a mi hermana fuera de la cama y diciendo en voz alta que se callen, que dejen de lamentarse y me dejen dormir, abriendo los ojos simultáneamente y comprobando que el hombre no es su marido, sino el mío.

Ya despierta y aún con los ojos cerrados, centro mi atención en mi cabeza: ayer me dormí con una migraña monumental que ningún medicamento (que suelo evitar tanto como puedo) logró deshacer. Parece que sí, que sigue ahí. La ladeo para cerciorarme: sí, ahí está, recordándome mi humanidad, mi fragilidad, mi vulnerabilidad. Como lo hizo mi pie izquierdo hace un par de meses, cuando me lo torcí y me hice una distensión de ligamentos de la ostia, cargándome al mismo tiempo un trozo de hueso del astrágalo.

Tengo una gran dificultad en pedir ayuda cuando la necesito, en expresar mi malestar y en dejarme socorrer. Tengo una gran dificultad en aceptar mi fragilidad, la fragilidad humana, como si yo no lo fuera. Cuando alguien lo intenta, se dispara en mí una señal de alarma y rápidamente doy indicios de que no necesito esa ayuda/consejo/apoyo/loquesea, y me subo rápidamente a mi autosuficiencia. Antes muerta que admitir nada que venga del exterior. Y no soporto a la gente que se queja, como en mi sueño.

Estos días estoy tomando consciencia de todo eso. Las quejas no son siempre quejas, no tienen por qué serlo, sino que pueden ser simples expresiones de lo que me pasa, como en realidad estaban haciendo mi hermana y mi marido en mi sueño. Simplemente comentaban. Extraño diálogo entre un muerto y una hermana que recientemente ha sufrido un accidente en el que poco le faltó para palmarla.

Vale. Empezaré por aquí en blogger: acepto fragilidad como atributo de Ana (mal me pese...gggrrrrg). Acepto mi vulnerabilidad y mi condición humana. No soy de piedra ni de hierro, sino de carne y hueso y tengo mis necesidades...aunque a veces muestre todo lo contrario.

Vaya!! parece que la migraña se desvanece...¿habré encontrado el remedio? Quizás sea simplemente cuestión de aceptar en vez de luchar.....

Dedicado a mi hermana adoptiva que se llama igual que mi hermana de sangre que aparece en mi sueño. ¿Casualidad?

3 comentarios:

Wilde dijo...

Las casualidades no existen, porque sino sería cada decima de segundo una casualidad ¿no crées?. Échale la culpa al destino, además es más bonito...

saludo!

Ana dijo...

jeje Wilde, hace tiempo que dejé de creer en las casualidades para comprobar las causalidades o el destino. Y nada de culpas, sino más bien todo lo contrario. Mis hermanas se llaman Isabel...

Iria dijo...

Ayyy Ana que me dejas sin palabras...Te Quiero leches!
Tú como yo sabemos que las casualidades no existen y sabes muy bien lo que quiere decir tu sueño. Todos necesitamos de los demás, sí para expresarnos, quejarnos, llorar, para que nos atiendan, para que nos mimen, para que nos quieran...
Estoy muy, muy orgullosa de ti mi querida hermana ahhh y me encanta que me quieras y quererte, ya ves cosas de la vida, cosas del querer.
Un abrazo inmenso.

PD:Te he dicho que te quiero?