domingo, 12 de agosto de 2007

VIAJE A MARRUECOS 1



Mi viaje empezó el día anterior a la partida. Nuestro vuelo salía a las 06.15 de la mañana, de Barcelona a Málaga. Como teníamos que estar a las 4 de la madrugada en el aeropuerto, mi amiga Isa y yo quedamos en mi casa la noche anterior. Entre charla y charla y acabar de hacer mi maleta, se hicieron las 3.30, hora en que habíamos pedido un taxi. No dormimos.

Realizamos la facturación de las maletas sin problemas y nos dirigimos a la puerta 27, desde donde embarcaríamos. Íbamos con tiempo de sobras, dispuestas a tomarnos un café. Isa quiso ir al baño y cuando se estaba metiendo en el lavabo, anunciaron por altavoces que había un cambio de puerta y embarcaríamos en la 49.

Isa, no te da tiempo a mear, que la puerta está a la otra punta del aeropuerto!! Vamos!!

Y nos dirigimos hacia la 49. Una vez allí, llegamos justo a tiempo para ver como cambiaban el letrerito del destino: LANZAROTE.

Joder!!! y entonces...¿cuál es nuestra puerta? El tiempo se nos echaba encima y ni tan siquiera sabíamos la puerta de embarque!! Miré en uno de los monitores y volvía a aparecer la 27. No teníamos opción. Vuelta a la 27, a ver si había suerte. Afortunadamente, finalmente salimos por la 27.

Durante el vuelo me quedé dormida como una bendita. Isa no pudo dormir. Ni me enteré del vuelo y ya estábamos en Málaga. Al desembarcar, nos pegamos un buen desayuno en el aeropuerto... primer sablazo!! vaya precios!! y nada del gamour que se supone que debería tener tan insigne aeropuerto! Isa se quejaba de lo cutre que era y de no ver a ningún famosillo....pero....¿no están todos en chirona?? o casi todos...

Tomamos el autobús 19 para dirigirnos a la estación de autobuses de Málaga, desde donde partiríamos hacia Algeciras. Super moderno....aunque a mitad camino empezó a sacar humo y nos hicieron bajar a todos. Seguimos el trayecto a pie, arrastrando nuestra maleta. ¡Benditas ruedas!

Compramos el billete para Algeciras, un rato de espera y en marcha! Me volví a dormir, ni me enteré de la parada en Marbella. Isa siguió sin dormir. Llegada a Algeciras, taxi pal puerto y a buscar un fast ferry con destino a Tánger, Marruecos, África.

Todo iba fluyendo sin complicaciones, aparte del cambio de puerta en Barcelona y del autobús humeante en Málaga. Salida del ferry a las 14.00. Bien. Aviso a mi amiga Ana de la hora de la salida del ferry para que nos envíe el taxi que nos llevará hasta Asilah. El ferry se retrasó dos horas y salimos a las 4 de la tarde para llegar a Tánger a las 17.15 hora española, 15.15 hora marroquí.

El trayecto en ferry nos encantó, aparte de una cola larguísima que nos tuvimos que chupar para que nos sellaran el pasaporte, sin lo cual no nos dejarían desembarcar en Tánger.

Puerto de Algeciras


Alejándonos de Europa

Nos pasamos casi todo el trayecto en una cubierta viendo como nos alejábamos de España, de Europa, pasando delante de Gibraltar y ya, mar adentro, disfrutando con los delfines que seguían la estela del barco. Yo estaba como una niña entusiasmada, buscando entre las olas a estos bellos animales, nadando y saltando tan cerca del barco.

Mar y delfines (cuesta verlos, pero están!!)
El peñón de Gibraltar

Me emocioné cuando vislumbré Africa entre la niebla y cuando empezó a haber un fuerte oleaje, fruto del encuentro de los dos mares, el Mediterráneo y el Atlántico.


África

Por fin, llegamos al puerto de Tánger:

Tánger

Arabi, el taxista, llevaba dos horas en el puerto de Tánger, esperándonos. Su recibimiento fue una amplia sonrisa y una bienvenida en español. Isa y yo nos sentimos muy agradecidas por ello y por ya no tener que buscar una manera de llegar a Asilah. Todo un lujazo tener al taxi esperándonos en el puerto de Tánger, uno de los detalles con los que Ana obsequia a sus clientes: servicio de transporte desde el punto de llegada hasta su Casa y viceversa.

Ya sólo nos quedaba el último tramo del trayecto, sentadas cómodamente en un viejo Mercedes desvencijao. Arabi nos ofrece una manivela para abrir nuestras ventanas... sólo una que él guarda celosamente en la guantera del coche. Hace calor, hay levante y cuando hay levante, el tiempo es caluroso y húmedo
Al llegar a las inmediaciones de Asilah, me asusté. Ví una enorme playa completamente a rebosar de gente. Pero...¿dónde me he metido yo? eso parece Playa de Aro en pleno mes de agosto!! El taxi nos llevó hasta una de las puertas de la medina y nos iba indicando restaurante, dos de ellos españoles: Casa Pepe y Casa García.

El bullicio era impresionante ante la puerta donde se paró Arabi. Ana aún no había llegado. Habíamos quedado en que ella nos haría los honores de entrar en la medina de Asilah y llegar hasta CASA, su casa, mi casa.

Hacía años que yo no veía a Ana y cuando la vi aparecer por la puerta de la Medina, salí del taxi de un bote y me abracé a ella. Las dos estábamos emocionadas. Le presenté a Isa y nos dirigimos a pie hacia el interior de la medina, por unas callejuelas preciosas.


Asilah

Asilah es una ciudad costera, en el Océano Atlántico, a 50 kms aproximadamente al sur de Tánger. Habitualmente tiene 35.00 habitantes y en verano la cifra se triplica. Además del turismo extranjero, vuelven a casa de vacaciones todos los marroquís que han emigrado a España para trabajar. Es habitual ver coches con matrículas españolas, de varias provincias, conducidos por marroquís. La vida dentro y fuera de la medina es uno de los contrastes que más me han sorprendido. Dentro, las callejuelas sin vehículos, las tiendecitas, el silencio a pesar de la gente que pasea; fuera, los coches los carros con burros, las bicicletas, las motos, las masas de gente, las cafeterías, restaurantes, más tiendas, el mercado....en una palabra, el bullicio.

Asilah acoge cada año en agosto un festival cultural. Los artistas exponen sus cuadros en las calles, cuando no pintan directamente en las paredes. Cada noche, durante una semana, hay espectáculos musicales en la plaza de la medina: conjuntos marroquís, de África negra, españoles, etc...


Llegamos a Dar Manara, nuestra casa en Marruecos. Isa y yo estábamos ya en las últimas por el cansancio. Ana abrió la puerta, entramos y en cuanto se cerró tras nosotras, fue como si hubiéramos entrado en el Paraíso. Nos invadió una sensación de paz que tardaré mucho en olvidar.
Puerta al Paraíso Dar Manara

Ana nos hizo dejar las maletas y, antes de enseñarnos nuestra habitación, nos hizo sentarnos en un sofá que hay en la entrada, junto a una fuente que nos iba regalando los oídos con su murmullo de agua. desapareció tras una puerta (la cocina) y reapareció con una bandeja con dos mini copas con un líquido blanco (leche) y dos dátiles. Nos lo ofreció diciéndonos que es costumbre marroquí dar a los invitados en una casa, a modo de bienvenida, un poco de leche de cabra y un dátil. Una vez ingerido, subimos la escalera y conocimos nuestra habitación, de nombre Rosa y toda en tonos rojizos.








A continuación, Ana nos enseñó todas las dependencias y como conclusión, la joyita de la casa: el terrado, donde pasé muchas horas de descanso, de compartir con otros miembros de la casa, con Ana y con Isa, de momentos de relajación, un lugar privilegiado y encantador: la jaima


Una ves deshechas las maletas, a pesar del cansancio, decidimos salir a dar una vuelta y empezar a tomar contacto con la ciudad. Salimos de la medina y nuestros pasos nos llevaron hasta el mar, donde se estaba poniendo el sol. Nos extrañó ver a mucha gente en las rocas, como si estuviera pasando algo o fuera a pasar algo.... se nos escapaba qué hacía tanta gente ahí y, como buenas occidentales, intentamos encontrar una explicación a la muchedumbre que se aglomeraba cerca del mar. La única explicación (lo supimos después) era admirar la puesta de sol y para ellos acuden todos a los lugares donde mejor se ve, es decir, al borde del mar, en las playas o en las rocas.




Tras la puesta de sol, decidimos buscar algún lugar para cenar. Nos comimos un cous-cous en una de las terrazas externas a la medina y de allí a la cama, que buena falta nos hacía. Llevábamos 36 horas sin dormir y un viaje largo, por tierra, mar y aire.
Era hora de descansar en nuestra habitación Rosa.
Fin del primer día.

6 comentarios:

Una mujer desesperada dijo...

qué sitio, ana, qué casa! menuda suerte hacer un viaje así, viajar al extranjero para llegar y sentirte en casa!

MonikaMDQ dijo...

que hermosas fotos!! mas veo estas maravillas del mundo (lejano para mi= y mas quiero viajar, tendré que ahorrar =)
un beso ana, y gracias por compartir tu viaje!

Wilde dijo...

Por ahora solo he visto las fotos, luego lo leo con calma. Pero ya puedo decir que menudas vistas. Lo del Ferry, superior. Gran viaje!!!

Mariano dijo...

A una semana de empezar mis vacaciones ya estoy viajando gracias a ti.
Besitos. Espero próximas entregas.

Ana dijo...

Sí, la verdad es que ha sido un gran viaje. Seguiré haciendo entregas...
Gracias a todos por leerme y comentar!!
Beistos

Viguetana dijo...

Ei, que bonic, nena!
Ostres, la vostra "casa" marroquí és per prendre'n nota, eh?
Si mai viatjo cap allà, te'n demanaré les dades de contacte!
T'aniré seguint.
Petonets