sábado, 22 de septiembre de 2007

Vaya con la justicia

Hace unos meses mi hijo y unos amigos suyos tuvieron un incidente por el cual, de forma inconsciente y sin ninguna intención, provocaron desperfectos en el marco de la ventana de una casa. Ellos ni se enteraron hasta que a la mañana siguiente apareció la policía en la casa en la que estaban pasando un fin de semana, fuera de la ciudad. El vecino los había denunciado. Inmediatamente fueron a disculparse sin que sirviera de nada, ya que el hombre en cuestión dijo que seguiría la vía legal para tales hechos. Efectivamente, al cabo de un tiempo, llegó a casa la citación judicial del juzgado de menores.

El día señalado fuimos a los juzgados de Barcelona para que mi hijo y sus amigos, individualmente, declararan ante el juez. Parece una tontería, pero os aseguro que impresiona. Mi hijo estaba como un flan. Me habían recomendado un abogado especializado en menores, pero al comprobar y oir a todos los abogados de que lo que había pasado era una suprema chorrada y teniendo derecho a un abogado de oficio, lo descarté. Todo el mundo alucinaba bastante de que las cosas hubieran llegado tan lejos y creímos que el asunto se pararía aquí y que el juez archivaría el tema.

No ha sido así. Como alguien ha dicho: con la justicia sabes cuando entras pero nunca sabes cuando sales, ni cómo.

Hoy hemos ido al departamento de mediación. Cada uno de los implicados tenía que decidir si aceptaba una mediación o prefería ir a juicio. Las opiniones de los abogados estaban partidas: unos decían que mejor ir a juicio porque así se acabaría antes la historia: pagarían la reparación de los daños y punto final, ya que el supuesto agravio no da para más; otros decían que siempre valía más la pena seguir la vía de la mediación. Finalmente mi hijo, por consejo de la abogada, ha seguido esta última opción. Le han pedido que escriba una carta al denunciante pidiéndole disculpas y diciendo que jamás tuvo intención de causarle el menor daño y que está dispuesto a pagar de su bolsillo lo que haga falta.

Hasta aquí los hechos.

Y ahora viene el flipe: al salir, la abogada de mi hijo, la de oficio, que no ha abierto la boca, que ha estado una hora con nosotros para decirnos simplemente que aceptara la mediación, nos ha dicho que, a menos que hiciéramos todos los complicados trámites para solicitar justicia gratuita, hasta el momento teníamos que pagarle 600 euros. He alucinado. Yo que despedí al otro abogado, privado evidentemente, por creer que era un caso a desestimar, sencillo y sin más historia y así ahorrarme su minuta, resulta que tengo que pagar 600 euros como mínimo a una abogada que no ha hecho absolutamente nada.

Y el otro flipe es la historia en sí: la cantidad de tiempo, molestias, horas de muchos de nosotros perdidas, a recuperar en el trabajo, salas y profesionales que se están utilizando para un caso como éste, de unos chavales adolescentes que simplemente tuvieron un error propio de su edad, sin mala intención ni ganas de hacer ningún mal... cuando hay tantos otros temas, robos, agresiones, gamberradas intencionadas y demás sucesos que requerirían mucha más atención. Como trabajadora social que soy, aunque la justicia no sea mi ámbito en estos momentos, aunque sí lo ha sido en otros tiempos, cuando estuve de responsable de unos pisos asistidos para internos de prisión, no puedo dejar de comparar este caso con otros en los que sé que un tío puede robar un coche, un bolso, pasar unas horas en comisaría y volver a salir para volver a robar.
Hace unos años a mi hija le robaron el bolso en una discoteca. Las molestias que tuvo fueron importantes y finalmente hubo un juicio que ganó en el que le pagaron una pequeñísima indemnización que fue menor que los costes del abogado.Y el ladrón salió a la calle, libre como un pájaro, simplemente habiendo pagado una miseria que no cubrió ni los costes que nosotros tuvimos.

Joder con la justicia.....

6 comentarios:

Viguetana dijo...

Te comprendo. La sensación de impotencia en casos como éste es abrumadora.
Yo tengo mi episodio particular con la justicia pero me cabreo tanto cuando lo recuerdo, que ni siquiera os lo voy a contar.

Ánimo, Ana.
Y un beso.

Ana dijo...

Ay Viguetana, yo también comprendo que te cabrees al recordarlo porque yo estoy que echo humo: estamos hablando de un marco de ventana!!! ningún peligro para nadie, ningún herido ni asomo de ello, ningún robo, un simple marco de ventana con ligeros desperfectos....yo, ya no entiendo nada.....

Desesperada dijo...

yo también comparto tu indignación. cómo no, estas cosas están a la orden del día. y qué persona tan intransigente la que denunció a tu hijo, ana.

Ana dijo...

Pues sí, Des, mucho y no tengo el disgusto de conocerlo. Como dice mi hijo, uno que se aburre y que no ha encontrado mejor manera de pasar el rato que tocar los cojones. Lo que me parece alucinante es que haya jueces que se presten a ello, como si no tuvieran suficiente trabajo con lo realmente importante!!!

MonikaMDQ dijo...

Hola An! ayer muy tarde entré y te dejé coment sobre la grafología pero no pude leer esta otra entrada porque me caía de sueño.
Acabo de enterarme todo el episodio y creeme que estoy tan indignada como ustedes.
Hay veces que la justicia da asco, sonará fuerte que lo diga asi pero no se me ocurre otra palabra.
Vos misma lo decís, habiendo tanto caso sin resolver, casos importantes, graves como puede ser un robo calificado, un homicidio, que se yo... y encima que le dan vuelta a uno ta leve como lo que "hizo" tu hijo no tiene goyete.
Acá pasa exactamente igual, casos menores llevados al extremo pero eso si, los corruptos bien gracias, caminando por la calle y mira que hay muchos.
Te dejo un beso grande

Ana dijo...

Gracias Monik....un beso grande