domingo, 2 de septiembre de 2007

VIAJE A MARRUECOS 6



Ese día nos levantamos con la sensación de que el tiempo pasa muy rápida. Sin casi darnos cuenta estábamos en la recta final de nuestra estancia. Isa se despertó antes que yo y se fué a la haima mientras yo me duchaba. Hacía dos días que Ana nos había pedido que nos cambiáramos de habitación (me había olvidado de comentároslo). Pasamos 3 noches en la habitación Rosa y 3 en la Mimosa, amarilla, como os podéis imaginar. Me gustaba el baño de la Mimosa. La habitación era algo más pequeña que la Rosa y más calurosa al no tener ventana a la calle, sólo a la escalera de la casa. De todas maneras, estábamos encantadas de conocer dos habitaciones de la casa y al gustarnos mucho a las dos las mimosas, nos hizo mucha gracia estar en ella.

Baño Mimosa

Cuando bajé a desayunar, Said aún estaba preparando la mesa y los ingredientes, por lo que lo ayudé: tostar pan, llevar las mermeladas, etc... como en casa, vamos!!

El día anterior había llegado un grupo de 6 personas que Ana nos presentó. Curiosamente también trabajaban en temas sociales. Nos hicimos un hartón de reir cuando Isa va y me dice que "a quién se le ocurre irse de vacaciones con los compañeros de trabajo", refiriéndose a ellos, claro está!!! Y es lo que hicimos ella y yo.... ya sabéis, trabajamos juntas....
Ana nos propuso, tras el desayuno, irnos las 3 a la playa, a alguna más cercana que La Paloma y que no fuera la de Asilah, demasiado concurrida. Mientras ella acababa alguna gestiones, Isa y yo nos dirigimos hacia el exterior de la medina para curiosear. Entramos en una tienda en la que queríamos comprar algún regalo para amigos y familiares. El vendedor era un hombre encantador que se dedicó a hacernos reir con alguna de las curiosidades que allí tenía: se me acercó con cara de pillo con una cajita de madera en la mano. Me pidió que la abriera lentamente y ooohhh!! saltó una pequeña serpiente (de madera también, claro!) que me sorprendió. Me eché a reir. Luego se acerca a Isa con otra caja, más grande y una pequeña llave. Le dijo a Isa que era una caja secreta y que tenía que descubrir dónde estaba la cerradura. Estaba llena de paneles deslizantes, como un rompecabezas. Isa fue descubriendo sus misterios uno a uno hasta dar con la cerradura. Una auténtica caja fuerte!

Compramos unos cosillas y al momento de pagar me dice que me va a cobrar más caro porque yo soy rica. Lo miro con cara alucinada y le pregunto: ¿tengo yo cara de rica?... y muy seguro me dice que sí, con cara pícaro... "muy rica... pero no de dinero, sino de corazón. Ríes mucho". Reconozco que me llegó al alma.


Ana se reunió con nosotras y buscamos un taxi, sin éxito. Finalmente, llamó a Arabi, nuestro más que habitual chófer.

Ahora, escribiendo sobre él, me doy cuenta de que, explicando la excursión a Xauen me olvidé de comentar algo importante: durante el trayecto de ida a Xauen, Arabi nos contó su vida: Había salido de Marruecos con 16 años, de polizón en un barco hasta llegar a España. Mil peripecias hasta lograr burlar a las autoridades y llegar a Barcelona, donde tenía un amigo del que se acordaba de la dirección. Recorrió muchos países europeos hasta llegar a Kuwait. Allí conoció a una mujer india con la que convivió durante varios años. Era conductor de autobuses o autocares y se hizo rico durante la guerra del Golfo sacando a gente del país con el autocar.... lo cual no le sirvió de nada porque el dinero durante esa época no tenía ningún valor, más que nada porque no había nada que comprar. Se instaló a vivir con unos compañeros en un edificio de 5 plantas, desierto. Nunca había sido tan "rico" y había vivido tan bien... nos comentaba entre risas irónicas. A su alrededor, caían las bombas y a lo lejos quemaban los pozos de petróleo que inundaban de humo toda la ciudad. Nos decía que cada día era una fiesta ya que se despertaba y estaba vivo. Finalmente decidió volver a Marruecos. Habían pasado 24 años desde su salida y regresaba tal como se había ido: con las manos vacías y propietario únicamente de la ropa que vestía.

También riendo (Arabi siempre ríe) nos comentaba que él les dice a sus jóvenes compatriotas que no se vayan del país, que no vale la pena. El sentido del humor de ese hombre ha sido motivo de risas y de buenos momentos vividos en su compañía cuando nos ha acompañado en nuestros trayectos, además de una honradez impecable.

Total: Ana lo llamó y en 5 minutos ahí estaba él dispuesto a llevarnos adónde quiséramos. Ana le pidió que nos condujera hasta alguna playa no muy lejana que estuviera bien. Sin dudar nos dirigimos por carretera hacia el Norte. 10 minutos de trayecto y llegamos a una bonita playa, no tanto como la La Paloma, pero muy agradable y con poca gente.

Allí es donde Ana y yo tuvimos la conversación que sabíamos que queríamos tener y aún no habíamos tenido oportunidad. Empezamos a charlar mientras nos bañábamos. Isa se había quedado tomando el sol. Poco a poco el diálogo fue tomando un cariz más profundo y tocamos temas que tenemos en común a nivel de forma de vida, de experiencias e intereses de cariz espiritual, que es lo que, al fin y al cabo nos hizo vincularnos cuando nos conocimos. Ana y yo hemos tomado diferentes caminos (no muy diferentes y sí distintos) para llegar a lo mismo. Ella me habló de lo suyo, yo de lo mío. En una ocasión yo había hecho una incursión en su ambiente, antes de conocerla a ella y me encontré con ciertas dificultades por lo que dejé ese sendero.

Nunca habíamos hablado de ello y ese fue el momento de comentarlo. Me aclaró muchas cosas, entendí qué había pasado en su momento. Ella es una mujer muy centrada... ya dije al principio que para mí Ana es PRESENCIA, y con eso estoy diciendo muchas cosas, que yo resumo en esa palabra. La presencia para mí es ubicación, serenidad, ecuanimidad, ternura, acompañamiento, sabiduría, silencio o no, sabiendo cuál es el momento apropiado para el silencio y cuál para las palabras, compasión, entendida como amor sin juicio, aceptación... en fin, creo que me habéis entendido no??

Me propuso asistir en algún momento a alguna actividad con su gente, lo cual en otro momento yo habría rehusado y que ahora, me está apeteciendo cada vez más.

También me comentó que para ella Dar Manara era más una casa de salud o de reposo que un hotel. Quiere que sus clientes sean de un estilo determinado y se fía de su intuición a la hora de aceptar o no una reserva vía internet. De momento no le ha fallado. Alguno puede pensar que cuando se inicia un negocio, uno no puede andarse con selecciones de este tipo y tiene que aceptar lo que llegue. Y no... Ana tiene muy, muy claro lo que quiere que sea su Casa y eso es justamente lo que hace de Dar Manara un lugar tan especial. Esa especialidad, ese apostar por un estilo muy concreto y ser fiel a sí misma son las características que hacen que Dar Manara sea y será un éxito.

En ese sentido y recordando la tarde que estuve haciendo Reiki en la haima, además de saber ella a qué me dedico profesionalmente, me dijo que pensara en la posibilidad de llevar a Dar Manara grupos de trabajo o de terapias, como final de curso o como lo que a mí se me ocurriera. También me dijo que antes o después quería que hubiera un centro de terapias o de actividades en el ámbito terapéutico y de crecimiento personal paralelo a la Casa y que desde luego contaba conmigo si entraba en mis posibles planes ir de vez en cuando a Asilah.


Reiki en la haima

Las propuestas me encantaron y le contesté lo que suelo contestar o decirme a mí misma en muchas ocasiones últimamente: estoy abierta a lo que llegue a mi vida y que coincida con la dirección que me he marcado. En estos momentos no es posible por mis circunstancias vitales y sé, tengo la absoluta confianza de que si ésto tiene que estar an mi vida, se abrirán puertas y se darán las oportunidades para que se pueda realizar. Cuándo y cómo....no lo sé y ahí está la gracia: no saber, aceptar la incertidumbre y disfrutarla, disfrutar del misterio de la vida y dejarme sorprender, con la consciencia suficientemente despierta para saber discernir en cada momento y tomar decisiones, apostando, sabiendo que me puedo equivocar y que no pasa nada, pues el ser humano aprende por la técnica del ensayo-error.

Fue una de esas conversaciones que no se olvidan, que enriquecen y que crean amistad y complicidad. Nos confirmó a las dos lo que internamente intuíamos y creó un vínculo más fuerte que el que ya existía.

Regresamos con Isa y fuimos a un chiringo a comer sardinas y ensalada. Arabi llegó para devolvernos a Asilah. Ducha y a la calle, a las callejuelas de Asilah para realizar las últimas compras, con calma y disfrutando de nuestras últimas horas en la maravillosa medina. En ese paseo, aún hubo tiempo para otras anécdotas:

Volvimos a la gran tienda de nuestro amiguito Hussein. Nos saludó con muestras de alegría, reconociéndonos. Directamente instaló la alfombrita al lado de las piedras para que me pudiera sentar mientras Isa elegía unas fundas de cojín. Al irnos, nos despedimos, prometiendo volver en alguna ocasión si Alá lo permitía y felicitando a la madre, que estaba allí, por el hijo que tiene.




Me quedaba encontrar un cenicero de un estilo muy particular que había visto en Dar Manara. Finalmente lo ví en una tienda. Estaba vacía y directamente pregunto el precio, dispuesta a regatear como es costumbre en Marruecos. El vendedor, un hombre de aproximadamente 35-40 años, muy serio, me dijo 50 Dirhams (5 euros). Al ofrecer yo mi precio rebajado, sigue con los 50 dirhams, una y otra vez. Le expreso mi extrañeza por no entrar él en el juego del regateo y me contesta que me ha dado directamente el precio más bajo, que antes costaba 80 Dirhams. Me da la impresión de que es un "duro" a la hora de regatear y me voy de la tienda, creyendo que al irme, bajaría el precio.... y no.... me dice un simple: gracias por visitar mi tienda.

Me quedé un poco desorientada. Bah!! es igual, ya encontraré otro! Este tío...¿ que se ha pensado? No me va a enredar tan fácilmente.

Pero no encontré ningún otro que tuviera algo que ver con aquél. Decidí tragarme el orgullo y pagar lo que me había pedido el hombre serio. Volví a la tienda, saqué directament el billete de 50 dirhams y le dije que me lo quedaba. El hombre hizo una pequeña sonrisa, muy pequeña y se excusó por no haber regateado, diciéndome que realmente no podía bajar más el precio. Le dije que me había extrañado mucho que no regateara y que por eso me había ido y que el precio, en realidad me parecía justo. Es un cenicero grande, de cerámica, de esos con tapita y que habitualmente se pone agua dentro, de color granate y con unos motivos metálicos muy finos y sencillos.

Me preguntó dónde me alojaba, conocía la Casa de Ana. Le dije que al día siguiente ya me iba y me dijo que si volvía alguna vez y esperaba que así fuera, le encantaría que lo fuera a ver, que siempre sería bienvenida en su tienda y que me recordaría pues soy muy agradable, guapa y simpática Todo eso sin un atisbo de adulación. Para muestra, un botón: se fue hacia una estantería, eligió una bonita cajita de madera y sin darme tiempo a verla, la envolvió en papel de diario y la protegió con plástico de aquel con burbujas, bien ligada con cinta para embalar. Me la dió sin mediar palabra. Un regalo. Con este simple gesto silencioso, dijo muchas cosas y me conmovió. Salí de la tienda descolocada y con una agradable sensación.




Estoy convencida de que las cosas en la vida no pasan por casualidad y que si estoy atenta puedo descubrir muchas cosas de mí y de los demás a través de anécdotas como ésta. Empecé a darme cuenta de que esa situación había sido una representación en miniatura de una actitud mía muy arraigada, que me ha perjudicado mucho y que poco a poco voy pillando en mí y rectificando:

Ana por las calles de Asilah

1. La desconfianza: estar convencida de que el hombre me tomaba el pelo y quería aprovecharse de mí por ser una incauta mujer turista occidental, por lo que, desairademente, me fui de la tienda, dejando atrás algo que yo quería, sin prestar atención a los modos del hombre, a su mirada, a sus gestos, a su semblante, a su tono de voz. Su respuesta de: "gracias por visitar mi tienda"...creo que fue lo que me hizo darme cuenta más tarde de que probablemente me estaba equivocando. Su tono fue dulce y sincero, serio, sin aspavientos ni enfado. Auténtico.

2. El orgullo: Una vez fuera de la tienda... al igual iba yo a volver!!... a pesar de morirme de ganas de comprar el objeto deseado....y de, interiormente, sentir que algo no me cuadraba en aquél incidente, algo en mí no cuadraba, algo fallaba, algo no encajaba. Todo esto es muy sutil y fue ocurriendo mientras yo seguía paseando y mirando tiendas. Siempre he dicho que soy lenta en conectar con algunas de las cosas que se mueven en mi interior y a veces doy respuestas o actúo a lo bruto sin pararme a sentir, más para afuera que para adentro. Decidí tragarme el orgullo y seguir mi intuición, más que mi coco y no ser tan gilipollas de perderme algo que me apetecía tener por el puto orgullo que siempre me ha caracterizado y que, ahora me doy cuenta, me ha privado de tantas cosas y me ha hecho cortar cabezas, a menudo injustamente.


3. Bajando la cabeza humildemente y volviendo a entrar en la tienda dispuesta a pagar el precio que me habían pedido sin discutir, con un ligero temor al sarcasmo en forma de mirada o sonrisa del vendedor, que estaba dispuesta a asumir, me encontré con varios regalos: mi precioso cenicero, en primer lugar; la seria y sencilla amabilidad del vendedor en segundo lugar y la cajita en tercer lugar.

Conclusiones: cuando abandono la desconfianza y el orgullo, cuando estoy dispuesta a, no sólo a ver, sino también a mirar al otro con atención, con intención de saber de él, de conocerlo o descubrirlo, gano más que pierdo. Vale la pena correr el riesgo de que algún gilipollas me tome el pelo a cambio de enriquecerme con la presencia de muchos que me pueden aportar valiosos regalos a mi vida. Y sobretodo, fiarme más de mi propia intuición, de mis percepciones que de las voces externas que van en contra de lo que yo siento; conectar con mis propios deseos, con lo que a mí me hace sentir bien en vez de querer dar una imagen de fortaleza y seguridad que a veces estoy lejos de sentir, por lo que mi actitud es soberbia y prepotente, con el objetivo de que no me hieran.

Ya véis lo que da de sí la compra de un cenicero..... jajajajajaja!!!

Finalmente, Isa y yo volvimos a Dar Manara, dejamos en la habitación las compras y nos fuimos a cenar.... lo adivináis?? al amigo marroquí!! Hicimos una intentona de ir a otro restaurante que nos habían recomendado y estaba a tope. Estaba claro....en este viaje tocaba ir a ese sitio, por mucho que nos empeñáramos en ir a otro.

Muy cansadas, cenamos rápido, volvimos a nuestra Casa, cigarrillo en la haima y a la habitación, a dejar las maletas preparadas. Nos esperaba un viaje de vuelta largo, deshaciendo el recorrido que habíamos hecho a la ida: taxi de Arabi hasta Tánger, ferry hasta Algeciras, autobús hasta Málaga, autobús hasta el aeropuerto, avión hasta Barcelona y taxi hasta casa, ya avanzada la noche....pero todo eso os lo cuento en el último capítulo del viaje, que también tuvo lo suyo.

Admirando las piedras en la habitación Mimosa, antes de hacer la maleta
Fin del sexto día

6 comentarios:

Una mujer desesperada dijo...

Hola Ana. He seguido leyendo tus peripecias marroquíes aunque ande algo desaparecida. He sentido muchísimas ganas de conocer esa casa... Un bico, guapa.

Mariano dijo...

Esto me pasa por irme de vacaciones. Ahora tengo mil entradas interesantes por leer. Me iré poniendo al día poco a poco.
Besitos/azos de vuelta.

MonikaMDQ dijo...

Que relato tan intenso Ana! muy lindo e interesante.
Me encanto lo que te dijo el vendedor:"muy rica... pero no de dinero, sino de corazón. Ríes mucho".
Eso habla muy bien de vos, aunque yo solo te ví en fotos veo que el hombre tiene razón.
Un besote
Ah...... me olvidaba lo que venía a decirte, pasa por mi blog que te he dejado una sorpresita :)

Ana dijo...

Des: me alegro mucho de verte reaparecer. Temía dejar de saber de tí, estaba triste. Gracias por seguir leyéndome. Un beso

Marianooooooo: qué bien que hayas vuelto, aunque sea porque se te han terminado las vacaciones, lo siento, egoístamente, me gusta tenerte por aquí.

Monika: voy pallá!!!!

Viguetana dijo...

Bufa, noia!
Vaya con los vendedores de Ashila... Iba a destacar lo mismo que Monika, pero el tema del cenicero también tiene su miga.

Me gustan las personas que van por la vida como tú, Ana: intentando mejorarse día a día. Ojalá todo el mundo hiciera lo mismo...

Petons

Ana dijo...

Gracias Viguetana, intento conocerme cada día un poquito más y sobretodo descubrir esas partes oscuras que me perjudican sin yo enterarme. La gente de Asilah me ha sorprendido por lo amables y respetuosos que son.