domingo, 20 de mayo de 2007

El dolor de una madre

Soy trabajadora social. Actualmente divido mi jornada laboral entre Servicios Sociales, como responsable de un proyecto concreto, una vivienda para personas sin techo y mi labor como trabajadora social de la residencia geriátrica municipal, todo ello en la localidad de Molins de Rei, cerca de Barcelona.
Recientemente hemos vivido un acontecimiento excepcional, que ha salido en los medios de comunicación: un hombre se atrincheró en su casa, amenazando con hacer volar el edificio y con disparar a quién intentara acercarse a él. Tuvo a toda la población en vilo durante 11 horas y a todo el ayuntamiento, servicios sociales incluidos, movilizados. Hay muchos detalles que no han salido en la prensa ni en la televisiones y que, por secreto profesional, no puedo desvelar, pero lo que no se dice y sí creo que es importante, es la labor de muchos profesionales de servicios sociales y de otros departamentos, que estuvimos trabajando hasta pasadas las 12 de la noche para atender a las personas desalojadas y solucionar montones de problemas que iban surgiendo.
He podido vivir desde dentro un gabinete de crisis en una situación extrema en la que sólo podíamos ir improvisando y salió bien.
Afortunadamente, la situación se resolvió sin daños importantes para nadie. Los más afectados han sido y son los familiares del hombre que montó el sarao que sufren las consecuencias de un acto que no han provocado. Desgraciadamente, las lenguas corren mucho y los dedos se agitan acusadores hacia personas que son las auténticas víctimas de esa fatal circunstancia y ellas son, justamente, las grandes olvidadas.
Los vecinos ya están en sus casas y han vuelto a la normalidad. El agitador está en manos de profesionales que se ocupan de ellos, pero.... ¿quién se preocupa de su madre, hermanos, sobrinos, etc? ¿Acaso no necesitan una atención, quizás psicológica, para asumir lo que les ha roto la vida? ¿para sostener que se les mire recelosamente cuando salen a la calle y se murmura de ellos?
Todo este asunto me ha recordado un documental, no me acuerdo de quién, que trataba del calvario que pasan las familias de los que están en el corredor de la muerte en USA, personas que no han cometido ningún crimen y que sufren unas consecuencias devastadoras en sus vidas. Nadie habla de ellos, nadie se ocupa de ellos, nadie piensa en ellos y ellos padecen en silencio un dolor atroz que difícilmente podrán superar. Paradójicamente, el silencio también es su aliado, ya que salir a la luz supondría aún más dolor y vergüenza por algo de lo que no son responsables, aunque a menudo se preguntan, sobretodo si son los padres del acusado, ¿qué coño habré hecho tan mal para que mi hijo/a haya llegado a esto?
Y así, los que somos padres, inevitablemente asumimos la culpa de nuestros vástagos y sufrimos en silencio todo el dolor del mundo, sin que nadie se entere.

2 comentarios:

Wilde dijo...

Hola Ana, se te echaba de menos!!

Jo, pues si, conozco el caso por los telediarios y no me sorprenden tus palabras, nos informan como a marionetas...

Y totalmente de acuerdo contigo y esos grandes olvidados, que son los familiares de los que delinquen. Como si ellos tuvieran parte de culpa. La sociedad es muy injusta y siempre, lo cual es doblemente deleznable.

Enhorabuena por tu labor social, también grandes olvidados socialmente.

1 beso

Ana dijo...

Gracias Wilde, como ya he comentado mi trabajo me encanta y en realidad mis ancianitos me dan más ellos a mí que yo a ellos... o no, quizás sea recíproco y equilibrado!!
Besos