viernes, 4 de mayo de 2007

Morirse (http://enkadenados.blogspot.com/

Siguiendo la duda planteada por Wilde en su blog Enkadenados, aprovecho para escribir este blog sobre el morirse.
Ante todo quiero hacer la diferencia entre estar sana por completo y tener una enfermedad terminal, en esa duda sobre si quiero o no quiero saber cuándo me voy a morir. Porque lo totalmente cierto es que la muerte llegará en algún momento. En ámbitos de videncia, tarot y mundo esotérico, un buen profesional (que los hay) éticamente tiene completamente prohibido anunciar una muerte.
En mi actual estado completamente sano de salud, jamás querría saber el momento de mi muerte. La angustia que eso me produciría sería devastadora para mí. En potencia, todos somos terminales, ya que la muerte puede aparecer en cualquier momento y bajo múltiples formas, de ahí que soy una convencida de que en nuestra sociedad sería necesaria una cultura de la muerte, que se ha perdido. La muerte forma parte de la vida, es la otra cara de la misma moneda y no existen la una sin la otra. Tener consciencia de la muerte es una buena manera de vivir la vida intensamente, como si cada día fuera el primero y el último. Sólo así podemos VIVIR en mayúsculas. Olvidar que existe la muerte o poner la cabeza debajo del ala sólo sirve para entrar en el engranaje rutinario de una vidas no vividas, en busca de la seguridad y de las certezas, que son totalmente efímeras e inestables. La vida es cambio y cuanto más nos aferremos a lo contrario, más sufriremos.
Actualmente vivimos de espaldas a la muerte, como si no existiera, a pesar de estar rodeados por ella, miremos donde miremos.
Es cierto que por mucho que nos podamos preparar, la muerte es triste y dolorosa, sea en carne propia o en la de amigos y familiares. Es la disolución total de lo que hemos sido en la vida y nuestros naturales apegos hacen que suframos ante esa pérdida.

En caso de padecer una enfermedad terminal, el enfermo tiene derecho a saber lo que le pasa, no la obligación. Cada caso, cada persona es un mundo y no existe una respuesta correcta, sino una respuesta para cada individuo en cada momento de su vida. Hay personas que, gracias a no saber que iban a morir pronto, han vivido más tiempo; otras, por el contrario, quieren saber la verdad y eso les da fuerzas para luchar. No se puede luchar cuando no se sabe contra qué... ni que exista la posibilidad de luchar.

Hay otra circunstancia a tener en cuenta: una persona enferma se encuentra mal y ocurre a menudo que se le esconde la realidad de su próxima muerte, lo cual le produce mucha angustia al haber una discordancia entre lo que le dice su cuerpo y lo que le dicen los médicos y la familia. No se atreve a preguntar por temos a la respuesta, aunque en el fondo sabe o teme la verdad. En estos casos, generalmente, si finalmente llega a saber que va a morir pronto, siente mucho alivio: las cosas cuadran y ya sabe... puede disponer del tiempo que le queda como mejor lo crea.

Al saberlo, puede iniciar el proceso de duelo de su propia vida, lo cual es imposible si no lo sabe.
El proceso de duelo es un proceso natural en el ser humano, un proceso de adaptación a una nueva situación, dejando atrás otra. Se compone de diferentes estadios no lineales, que se van solapando y entrecruzando: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. La última etapa, la aceptación, es de hecho el objetivo y no siempre se consigue, desafortunadamente.

Saber que me voy a morir cuando tengo una enfermedad me da la posibilidad de hacer ese proceso y llegar a la muerte con aceptación y paz. Si no lo sé, no tendré esa oportunidad.

Y dejando de lado los tecnicismos: me da miedo la muerte y más aún el sufrimiento que pueda haber anteriormente; me aterra la muerte de mis hijos conmigo en vida; acepto mejor la muerte de mis padres... al fin y al cabo existen factores que determinan cómo va a ser mi proceso de duelo y desde luego, entre esos factores están la edad, el tipo de muerte (repentina, por enfermedad o por suicidio básicamente) y el lazo afectivo que me une a ellos.

Nadie está nunca del todo preparado para afrontar la muerte o muy poca gente, pero creo que es importante estar lo mejor preparados posible y eso sólo se consigue mirándola de frente y asumiendo que forma parte de la vida, tomar consciencia de ella día a día.

Y desde luego, yo sí quiero saberlo si tengo una enfermedad terminal. Quiero poder disponer de mi tiempo como me dé la gana y no que lo hagan los demás por temor a mi reacción. Es mi derecho, es mi vida, es mi tiempo, es mi muerte.

No sólo quiero saberlo, también quiero morirme siendo consciente de que me muero, despedirme de mis seres queridos e irme, con los ojos abiertos y sabiendo lo que me está pasando. No deja de ser el momento más importante de mi vida junto con el nacimiento.

5 comentarios:

Iria dijo...

Si estoy en mis últimos días con o sin enfermad terminal yo si quiero saberlo. La muerte es tratada como tabú como si nunca fuese a llegar y de la nada venimos a la nada nos vamos o por lo menos eso es lo que recordamos. Efectivamente vida y muerte son dualidades, yo quiero vivir la vida y no que la vida me va a mi, el día de hoy el momento de ahora, jamás lo volveremos a vivir, la consciencia de ello, quizá sea la panacea para aceptar la muerte.
Claro que es triste, tristísima, dolorosa, desoladora, incomprendida….
Creo que el enfermo terminal o aquel que va a morir tiene todo el derecho del mundo y más a saberlo.
El proceso de aceptación de la muerte, es decir el duelo, es rabia, negación, depresión, más ira, más dolor y otra vez negación, así rodando en círculos, hasta llegar a la aceptación… que se llega.
Para cualquier madre o padre la muerte de un hijo es el mayor de los miedos y el más grande de los dolores…ahí tal vez no se llegue a aceptar nunca.
En mi caso me dan el mismo miedo dolor o sufrimiento que muerte…aunque egoístamente el sufrimiento es existir y la muerte es nada…

Volveré...Carpe Diem hermana.

Wilde dijo...

Muchas gracias por la citación!!! que maja!!! ...

Podría decirse que es una educación sobre la muerte. Hace falta mucho de eso, y si, como dices tú, forma parte del ciclo de la vida. Es como nacer, un cambio. Aunque sea a la nada, no lo sé, pero un cambio.

Gracias! un beso!

Moisé dijo...

En los tipos de muerte se te olvidaron los mas duros y desagradables, los asesinatos y los accidentes.

A cuidarse!

Ana dijo...

Moisé, es cierto, no los he nombrado, no porque se me olviden ya que por desgracia tanto en mi trabajo como en mi vida personal algo he vivido de ellos, sino porque el texto va en otra dirección y no he creído necesario extenderme hacia otros temas.
Gracias!!

Anónimo dijo...

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